La Cancha: Alianza Lima 3 (4) – Sporting Cristal 3 (5)

Sporting Cristal clasificó a la final de los playoffs de la Liga 1 2025 en una noche que, para algunos, desafió toda lógica futbolera, pero para otros es solo la definición natural de lo que significa Alianza Lima. Eliminamos a este equipo en su cancha, en tanda de penales, después de un 3-3 agónico que se logró más por personalidad que por juego. No es épica: es, simplemente, Cristal superándose a sí mismo… porque el rival principal de este equipo, hace meses, es el propio Sporting Cristal.

La tanda fue perfecta: cinco penales, cinco goles. Y Diego Enríquez le atajó el remate a Sergio Peña, un jugador que —como el equipo en el que juega— está totalmente sobrevalorado y en donde hablan con una desubicación que no se condice con lo que realmente ofrecen. Esa atajada —más que cualquier pizarra o planteamiento— cambió la historia.

Pero nada de esto borra lo obvio: esta temporada es la peor de Cristal en muchos años. Un equipo frágil, que no defiende bien, que no ataca bien, que comete errores que le cuestan goles. Y aun así, con todo eso en contra, terminó empatando un partido que, a diez del final, parecía sentenciado. Alianza se sintió ganador demasiado pronto, aflojó, se equivocó en los cambios y en cómo manejar el partido, dejó de presionar y entró en modo celebración adelantada. Cristal, que ya estaba para aguantar el golpe con dignidad, encontró aire en los oportunos cambios que lanzó Paulo Autuori. Ahí aparecieron Gustavo Cazonatti, Yoshimar Yotún y Christian Benavente, quienes no hicieron magia, pero sí pusieron actitud y personalidad para buscar lo que nos correspondía o, en todo caso, vender cara una derrota que parecía inevitable.

Los viejos fantasmas de Matute hicieron el resto. Ese estadio cargado de historias de fracasos, eliminaciones bochornosas y noches que prefieren olvidar, volvió a pesarles. Martín Távara descontó con un misil y, minutos después, anotó un espectacular tiro libre para que esos fantasmas subieran del foso y se sentaran ahí, junto con su hinchada, a recordarles que la billetera no borra la historia. Y la suya es una historia de 124 años plagados de estos fracasos. Esa es su identidad. Entonces, un equipo cervecero que hasta hacía diez minutos estaba sentenciado se metió a la definición por penales con la moral en alto y la primera opción en el bolsillo. Si el fútbol se moviera solo por méritos, esto no tendría explicación. Pero el fútbol también es oportunidad, tensión y miedo. Y Alianza se derritió en su propio estadio.

En la tanda, cristalinos todos: seguros, fríos, conscientes de que hoy no se jugaban el proyecto —ese está roto hace rato— sino el respeto por la camiseta. Távara (que mandó una pelota a la red por cuarta vez en la noche), Benavente, Irven Ávila, Nicolás Pasquini y Fernando Pacheco patearon honrando la historia celeste. Más fuerza que fútbol, pero fuerza al fin.

¿Maquilla esto la temporada? Para nada. Cristal sigue siendo un equipo mal gestionado, mal planteado y lleno de decisiones equivocadas. Lo de hoy no hace borrón y cuenta nueva. Pero sí devuelve algo que hacía meses no aparecía: orgullo. Ese orgullo que no depende de la dirigencia, ni del discurso vacío, ni de la mentira de la “preparación”. Orgullo que nace del hecho brutal y simple de llevar en la espalda 70 años de historia victoriosa en el Perú.

El peor Cristal en años eliminó al “mejor plantel”, según lo que vendió la prensa. Y eso, aunque no arregla nada, sí se disfruta.

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