Anoche Sporting Cristal anunció la salida de Paulo Autuori. Un desenlace que, en realidad, no sorprende. Era una situación que se venía gestando desde hace semanas, ya algo se anunciaba luego de la clasificación a fase de grupos de Copa Libertadores. Ya se hablaba de la incomodidad del técnico y de su salida. Se intentó enfriar el tema, pero la sensación de que Autuori estaba mas fuera que dentro nunca desapareció.
Cristal se queda sin entrenador a días de iniciar la fase de grupos de Copa Libertadores. Es, objetivamente, uno de los peores momentos posibles para cortar un proceso. Y eso no es un detalle menor, porque más allá de los resultados, lo que se rompe acá es la continuidad de una idea. Porque algo sí había: una idea reconocible. El equipo de Autuori tenía un patrón claro. Se podía discutir su eficacia, su profundidad o sus resultados, pero había una intención de juego definida, un modelo que el plantel venía trabajando desde el primer partido de este año. Eso hoy se corta.
Y ahí aparece el primer gran problema: ¿qué va a pasar con el equipo ahora?
El nuevo técnico llegará a un plantel armado para otra idea. Tendrá que decidir si continúa lo trabajado o si empieza desde cero. Si opta por lo segundo, lo construido —poco o mucho— se perderá. Y eso, a estas alturas del calendario, es un riesgo enorme. No tenemos tiempo.
Cristal juega en poco más de una semana por Copa Libertadores. No hay margen real para implementar un modelo nuevo, ni para corregir en profundidad los problemas que el equipo arrastra. El que llegue tendrá que competir casi de inmediato, sin proceso, sin adaptación y con una presión altísima. Por eso el riesgo del reemplazo no es solo “quién viene”, sino en qué condiciones llega. Porque este no es un equipo consolidado al que solo hay que ajustar detalles. Es un equipo en proceso, con problemas claros: errores en salida, falta de profundidad, ausencia de un nueve competente, un plantel desequilibrado. Y todo eso queda ahora en manos de un técnico que tendrá que resolverlo sobre la marcha.
Pero esta situación tampoco niega otra gran verdad y es que la salida de Autuori tampoco es inmerecida.
Los números en el Apertura son bajos para lo que exige Sporting Cristal. Once puntos de veinticuatro posibles es un rendimiento insuficiente. El equipo quedó lejos de la pelea por el torneo muy temprano y nunca terminó de sostener un nivel competitivo constante. Autuori tiene responsabilidad de eso. Su idea no terminó de consolidarse, sus decisiones no lograron corregir los problemas estructurales y el equipo, en momentos clave, no respondió.
Pero no es el único responsable porque el contexto también pesa. Y pesa mucho.
El Cristal 2026 es un plantel corto y desequilibrado. Sobran opciones en el mediocampo y faltan en defensa y, sobre todo, en ataque. No hay un nueve confiable, no hay variantes claras en ciertos puestos y hay jugadores que prácticamente no tienen minutos mientras otros acumulan carga constante. Eso no sólo es responsabilidad del entrenador. La decisión de no reforzar adecuadamente el plantel es dirigencial. Y ahí está el otro gran punto: la conducción del club.
La salida “de mutuo acuerdo” es, como suele pasar, un eufemismo. Es claro que detrás existe un desencuentro evidente. Y más allá de no conocer los detalles exactos, lo que sí queda claro es que no hubo una conducción firme ni una planificación sostenida. Nuevamente, Cristal reaccionando y no anticipando. Ahora se corta un proceso a mitad de camino, sin una alternativa clara para el futuro inmediato, y en el peor momento competitivo posible. Eso expone, otra vez, una gestión que transmite más improvisación que rumbo.
Y lo que viene no es menor.
Cristal entra a la fase más exigente de la temporada sin técnico definido, con un plantel incompleto y con problemas que llevan semanas sin resolverse. Lo que está en juego no es solo un resultado puntual en Copa Libertadores. Es el rumbo deportivo del club. Y es que este tipo de decisiones no solo impactan en el corto plazo sino que definen hacia dónde va el equipo.
Hoy, la sensación es clara: se cierra un ciclo que parecía tener muy poco para mostrar, pero se abre una incertidumbre mucho más grande. Y, como ha pasado antes, todo vuelve a depender de decisiones dirigenciales que, desde que Innova está en la cabeza, han estado lejos de ser confiables y ese es el verdadero problema.
Que triste que cualquier camino es igual de malo por la gente de Innova que dirige al club.