La Cancha: Sporting Cristal 1 – Cerro Porteño 0

Lo de ayer fue sorpresa. Una bonita sorpresa, realmente.

Porque si uno era honesto con el contexto —la derrota ante Moquegua, la eterna crisis dirigencial, el caos de la semana, el técnico recién llegado sin tiempo de trabajo— lo lógico era esperar un partido complicado, incluso un golpe más. Pero no. Sporting Cristal terminó haciendo un partido que, sin ser brillante, superó claramente las expectativas de todos. Y eso, hoy, ya es bastante.

No fue un triunfo desde el juego vistoso ni desde la superioridad abrumadora. Fue un triunfo desde algo mucho más básico: orden, criterio y sentido común. Tres cosas que, curiosamente, habían desaparecido en este equipo en las últimas semanas. Zé Ricardo, en su primer partido, no inventó nada y ahí está su mérito. Con un plantel que no armó, en medio de una crisis de resultados y rendimiento y sin tiempo real de trabajo, hizo lo que dicta el manual más elemental del fútbol: simplificar. Un 4-4-2 claro, líneas juntas, roles definidos, menos exposición defensiva y más trabajo colectivo. Se acabaron los experimentos. Se acabó la obsesión por atacar mal y defender peor.

Cristal dejó de complicarse solo y en ese gesto encontró algo que había perdido: equilibrio.

Los laterales ya no quedaron expuestos todo el partido, el mediocampo tuvo más orden con una estructura más funcional, y arriba se optó por una doble punta que, sin ser brillante, al menos permitió incomodar la salida rival y darle algo de sentido a la presión. Repito, no fue un gran partido pero sí uno jugado en serio y eso cambia todo.

También, hay que decirlo, Cerro Porteño ayudó. Fue un equipo bastante más limitado de lo que se anticipaba, desordenado, impreciso, por momentos pasado de revoluciones. La expulsión de Cecilio Domínguez condicionó todo el segundo tiempo y dejó el escenario servido para que Cristal tome el absoluto control del partido.

Pero aun así, incluso con un hombre más, quedó en evidencia algo que sigue siendo un problema estructural: la falta de peso ofensivo. Cristal intentó, sí. Tuvo la pelota, claro que sí. Pero si hablamos de generar situaciones claras de gol, muy pocas. El gol, bien ejecutado, podría hacer pensar que el partido fue así de claro todo el tiempo. Pero no lo fue. La falta de eficacia adelante sigue siendo un problema, y un resultado no lo soluciona. Ni siquiera en Copa Libertadores, ante un rival al que nunca antes pudimos ganarle.

El gol de Felipe Vizeu llegó cuando las esperanzas se empezaban a diluir y uno meditaba, en los pocos segundos que la emoción del partido lo permitía, en cómo ese empate – que horas antes hubiera sido aceptado de buena gana en la hinchada – ahora iba a saber a poco luego de un partido en el que Cristal fue mejor.

El equipo cervecero golpeado, cuestionado, herido en su amor propio, que venía de una semana desastrosa encontró una respuesta desde el esfuerzo y la aplicación. Yoshimar Yotún, con su jerarquía innegable, mandó el mejor centro de la noche y el botín díscolo del brasileño, tantas veces aludido, hizo lo que correspondía. El arquero se quedó en su sitio y la pelota se fue para adentro, lejos. Vizeu vio las piolas henchirse y salió corriendo a gritar ese gol que tanto necesitaba él, el equipo y todos nosotros. El gol que le dice a la historia que en la capital del Perú, la camiseta celeste es el escenario más difícil para todo el que viene de visita. Y lo gritamos todos porque ese gol llegó a iluminar la noche chalaca y porque acalló no sólo la ambición por los puntos coperos sino algo mucho más urgente: la necesidad.

Pero tampoco hay que perder perspectiva. El buen resultado en copa no borra lo anterior, no soluciona el desastre. No corrige un plantel mal armado. No convierte a Cristal en un equipo confiable de la noche a la mañana. Pero sí da algo que hacía falta con urgencia: aire. Aire para el equipo que puede pensar en frenar su caída libre. Aire para el técnico que podrá trabajar algunos días con tranquilidad. Aire para el hincha que no paraba de masticar su frustración.

Empezar la Copa Libertadores ganando en casa, en este contexto, no era lo que la hinchada esperaba. Y sin embargo, se consiguió. Y se consiguió bien. Lo que viene ahora es otra historia. Palmeiras no va a perdonar lo que Cerro Porteño no supo aprovechar. Y entonces no va a alcanzar sólo con orden, va a hacer falta mucho más.

Pero eso es otra historia.

Hoy, luego de varios días, Cristal pudo pasar una noche buena en casa y eso, hoy, ya es bastante.

Deja un comentario