La Cancha: Sporting Cristal 1 – Alianza Lima 1

Sporting Cristal empató 1-1 con Alianza Lima por el partido de ida de las semifinales de los play-offs de la Liga 1. Fue un partido que, más que abrir una llave, terminó retratando a un equipo que ya no tiene argumentos para prometer nada. El marcador dice una cosa; el rendimiento, otra que ya conocemos de memoria. Esa es la pregunta que queda flotando después de 90 minutos: ¿a santo de qué deberíamos creer que este Cristal puede marcar diferencias?

Durante las últimas semanas se intentó instalar desde la dirigencia —con su habitual aparato de excusas, adulones y voluntarismo hueco— la idea de que el equipo “se venía preparando para los playoffs”, como si la «preparación» (así, con comillas) sustituyera al juego. Pero lo que sostiene a un plantel no es un discurso motivacional en portuñol, sino la capacidad de generar fútbol real: de jugar generando asociaciones, rupturas, movilidad. Y este Cristal, simplemente, no las tiene. No las tuvo ayer. No las tuvo en los últimos meses.

En el primer tiempo, Cristal pareció “hacer más” que Alianza solo porque Alianza decidió hacer casi nada. El visitante renunció incomprensiblemente al protagonismo pese a tener mejores herramientas defensivas y ofensivas. Ese cálculo absurdamente conservador del rival permitió que Cristal se acercara al área rival y en algunos momentos, pocos, contados con los dedos de una sola mano, llevó peligro real al arco aliancista. En el segundo tiempo, un penal claro sobre Leandro Sosa y una buena definición de Martín Távara pusieron diferencia y maquillaron por un rato lo que venía siendo una presentación bastante mediocre del equipo de Autuori que, en teoría, sacrificó el clausura desde la fecha 6 para jugar esta llave.

Pero bastó que Alianza sintiera el gol en contra y diera dos pasos adelante —solo eso— para que todo se derrumbara. Como pasó con Universitario, como pasó tantas otras veces: apenas el rival presiona un poco, Cristal desaparece. No hay salida limpia, no hay medio que sostenga, no hay ataque que amenace. Diego Enríquez, Miguel Araujo y Rafael Lutiger tocaron entre ellos como si la pelota pesara veinte kilos y el resto del equipo se escondió. Todos los toques de pelota que Cristal debería hacer en el mediocampo, ahí donde importa, y no los hace, los hizo en su propia área y no sin dificultades ante un cuadro visitante que recién al minuto 70 descubrió que podía presionar la salida de Cristal. En esa ecuación, varias faltas al borde de nuestra área, un par de córners y, en el que importó, nadie marcó a Hernán Barcos, y el empate cayó con una facilidad que ya ni sorprende.

Lo demás fue lo de siempre: decisiones lentas, malas lecturas, ataques sin movilidad, cero sociedades. Un equipo que, cuando no le disputan la pelota, no sabe qué hacer; y cuando se la disputan, se encoge. El Cristal 2025 de Paulo Autuori es el mismo desde abril: previsible, estático y sin jerarquía. Claramente el equipo que vivió «preparándose» para los play-offs es exactamente el mismo que hace un mes le ganó con angustia en el Alberto Gallardo a Cienciano. Visto lo visto, es como si ambos partidos se hubieran jugado con días de diferencia y no hubiera existido este mes largo de «preparación»

¿Alcanza para ir a Matute a resolver la llave? En esto hay que diferenciar. Matute no es – nunca ha sido – la cancha terrible donde los visitantes no salen nunca con vida. Entonces lo que preocupa no es el estadio ni el público. Para nada. Hasta en el 2007, jugando la baja, Cristal pudo ir con tranquilidad y sacar resultado ahí. El problema está, claramente, en el fútbol. Si vamos desde el orden defensivo y esperando llegar a los penales, es posible. Pero creer que este Cristal está en capacidad de salir a proponer, de aprovechar espacios o crear peligro sostenido es engañarse. Ni este sábado en Matute ni cualquier otro día en la cancha de tu barrio.

Al final es un empate que no fortalece a Cristal; fortalece a Alianza que ya vio que, con un mínimo de presión, puede cerrar la serie sin despeinarse. Y también sirve como cachetada a quienes insisten en vender humo: en Cristal hoy no hay proyecto, no hay progreso y no hay argumento técnico para sostener lo que vemos.

El fin de la temporada está a la vista. Un final coherente con un año pobre, improvisado y mal gestionado. Un año que deja claro que la soberbia del ignorante —esa que llevó a Innova a meterse a gestionar una actividad de la que no entienden nada en un club grande del país— puede ser más dañina que una mala racha futbolística.

Cristal tiene lo justito para no hacer un papelón. Pero no tiene nada para ilusionarse. Y ya es hora de admitirlo.

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