Sporting Cristal ganó por 1-0 el partido de ida de la final del playoff por el segundo lugar del campeonato. Y fue, por lo menos en el primer tiempo, uno de los partidos más decentes que le hemos visto en meses más allá de que el marcador se quedó corto para lo que significa definir una llave en Cusco, a 3,400 metros, en unos días.
El gol de Santiago González a los 15’ fue el punto más alto de un primer tiempo que, por fin, tuvo sentido. Cristal jugó con orden, con esa confianza que quedó después de eliminar a Alianza Lima, y con la claridad suficiente para generar dos o tres ocasiones más que debieron terminar en gol. Lo de Ian Wisdom, Martín Távara, Gustavo Cazonatti, Rafael Lútiger y el propio Santi… todos dejaron un desgaste enorme. Y defensivamente el equipo estuvo sólido: salvo ese error de Jesús Pretell, casi no se sufrió. El 1-0 fue merecido… pero insuficiente.
En el segundo tiempo apareció lo inevitable: el cansancio. Este equipo llega al final del año con las piernas justas y un plantel corto. Desde el minuto 55, Cristal corrió más de lo que pensó, perdió energías, perdió ideas y dejó de disputar el partido: simplemente lo soportó. Aun así, tuvimos una clara —la de Fernando Pacheco— que pudo ser el 2-0. Pero también tuvimos el susto de Tevez después del error de Pretell. Ese balón, centímetros más a la izquierda, nos cambiaba el viaje del domingo.
De Cusco FC quedó claro que el 1-0 les cayó perfecto. Ya desde antes del pitazo final estaban rotando la pelota, enfriando el partido, cuidando piernas. Y no es soberbia decirlo: ellos saben que el domingo serán locales, con aire fresco, con un plantel más entero y con un estadio donde la altura pesa. Ellos llegan más enteros. Y lo saben.
El 1-0, entonces, ayuda pero ayuda poco. Y, al mismo tiempo, es justo. Cristal era, desde el inicio, el equipo con menos variantes y menos recursos de los tres que disputan esta fase. Tanto Alianza como Cusco FC se veían más enteros, con más recursos, con mayores chances. Pero, ahí donde las piernas no alcanzan, toca correr con el corazón.
Aun así, dentro de un año con tan pocos puntos altos, este partido fue uno de ellos. No espectacular, no brillante, pero sí sólido mientras duró el físico. Y eso vale, porque la expectativa era bajísima. El golpe emocional de eliminar a Alianza fue real, pero no iba a transformar mágicamente al equipo. No se iba a crear fútbol de la nada ahí donde no estuvo en todo el año. Lo del miércoles, entonces, no fue magia: fue orden, fue actitud y fue aprovechar lo poco que tenemos.
El domingo será otra cosa. Cusco va a salir a imponer condiciones desde el minuto uno: presión alta, ritmo, desgaste, aprovechar errores. Todo lo que este año le costó a Cristal. Los primeros 20 minutos van a ser una guerra. Pero hay un dato que no es menor: este Cristal 2025 siempre anotó en Cusco. Y aunque carguemos encima una temporada terrible, donde hicimos del fracaso una costumbre, la camiseta sí conoce definiciones. Távara, Pretell, Yoshimar Yotún, Irven Ávila… todos han jugado —y ganado— partidos donde se definió algo grande. Esa experiencia puede pesar.
Y también cuenta recordar contra quién se está definiendo. Cusco F.C. no es otro que aquel infame Real Garcilaso, que nos faltó el respeto de tantas maneras y que hizo mofa cuando, por sus carencias, falleció uno de los nuestros. Por ese recuerdo, contra esas ofensas, Cristal no puede perder de vista que a este rival, sobre todo a este, se le tiene que borrar siempre la sonrisa de la cara.
¿Todo esto arreglará la temporada? No, en absoluto. Este año seguirá siendo malo gane o no la llave el domingo. Pero ayer, dentro de sus límites, Cristal hizo uno de sus partidos más correctos en mucho tiempo. No alcanza para relajarse ni confiarse. Pero sí alcanza para decir, al menos, que hubo algo de fútbol.
El domingo se define todo. Y ojalá, por respeto a la camiseta que amamos, que este equipo muestre la misma dignidad y el mismo orden que mostró el miércoles. Lo demás ya lo sabemos: no tapa errores, no limpia la gestión, no cambia el año. Pero al menos —al menos— nos permite creer que pelear no está prohibido.