La Cancha: Sportivo 2 de Mayo 2 – Sporting Cristal 2

Sporting Cristal empató 2-2 con Sportivo 2 de Mayo en Paraguay y la sensación es incómoda: punto valioso para la serie, pero sabor amargo en la boca. Porque este partido, por cómo se dio, estuvo para ganarlo.

El arranque cervecero fue serio, ordenado, inteligente. Paulo Autuori sorprendió con la inclusión de Luis Iberico y Catriel Cabellos desde el inicio. Iberico, hasta la expulsión, no desentonó. Cabellos, en cambio, confirmó que lo mostrado en partidos anteriores no era ilusión: tuvo un desempeño correcto, aplicado, sin estridencias pero tampoco con errores gruesos. Jugó para un seis y medio, un rendimiento que sostiene estructuras sin brillar.

Cristal manejó la pelota en el primer tiempo. Se vio compacto, con dos líneas claras. Las asociaciones funcionaron: por izquierda entre Cristiano da Silva, Iberico y Yoshimar Yotún; por derecha entre Cabellos, Juan Cruz González y Santiago González. No era un vendaval, pero sí un equipo consciente de lo que hacía. El plan estaba claro y se ejecutaba.

La expulsión de Iberico a los 41′ —roja de VAR, discutible en intensidad pero coherente con el criterio actual— cambió el escenario y nos condicionó. Aun así, el segundo tiempo mostró algo que satisface: un Cristal que, con diez, no se metió atrás a reventar todo. Defendió desde la posesión. Recuperaba y trataba de jugar. Intentaba asociarse en lugar de rifar la pelota. Y en ese esfuerzo, en ese convencimiento, llegó el 1-0: desborde de Cristiano, centro al punto penal, falta sobre el Santi y penal bien ejecutado por Yotún.

Cristiano se consolidaba como el mejor del partido hasta ese momento. Más allá de que la transmisión internacional eligiera a Yotún, el lateral fue quien sostuvo 90 minutos de intensidad, criterio y despliegue.

Pero llegó el problema en el cierre.

Al minuto 82, con cambios recién hechos en el mediocampo, Felipe Vizeu regaló una pelota en ataque con un pase atrás absurdo. No la perdió en disputa: la entregó. Contraataque, rebote en Diego Enríquez y empate. Cuando juegas con uno menos y el bloque recién se está reacomodando, ese tipo de error es letal.

Y en la jugada siguiente llegó el golpe emocional: autogol de Cristiano. Intento de rechazo, mala fortuna, desorden tras el empate. En segundos pasamos de controlar el partido a perderlo. El héroe convertido en villano por una jugada desafortunada. Así de cruel es la Copa.

Pero hubo reacción. Vergüenza deportiva, empuje, nada de bajar los brazos. Remate de Martín Távara desde fuera, error del arquero Ángel Martínez —figura de ellos en fases previas— y 2-2. Si nosotros tuvimos un héroe que terminó pagando caro, ellos también tuvieron uno que se equivocó en el momento menos indicado.

El empate, en frío, no es malo. Empatar en Paraguay en Copa Libertadores rara vez es despreciable. Antes del partido muchos lo firmaban. Pero cuando lo analizas desde el desarrollo, queda la sensación de que se nos escapó algo más grande.

Tácticamente, el partido de Cristal fue bueno. Estrategia inteligente, ejecución mayormente correcta, disciplina para sostener el bloque con diez hombres. Los errores fueron puntuales, pero determinantes. Y eso es lo que molesta: no fue el rival imponiéndose con claridad; fueron nuestras fallas en momentos clave.

En cuanto a rendimientos individuales, Cristiano da Silva destacó pese al autogol. Cabellos cumplió con creces. Yotún fue influyente. Vizeu, sin ser brillante, encajó mejor en un partido de fricción y trabajo fuera del área, aunque su error pesa. No fue un nueve ausente; fue un nueve útil al plan, pero imperfecto.

La llave está abierta. Cristal es superior a 2 de Mayo, pero en Copa nadie regala nada. Esto no se gana por gravedad ni por lógica. Se gana repitiendo lo bueno que se hizo hoy y corrigiendo lo que casi nos cuesta caro. Queda bronca. Queda alivio. Y queda una sensación clara: hay una idea, y cuando se ejecuta bien, funciona. Ahora falta sostenerla sin sabotearla con errores propios.

El martes en el Miguel Grau no habrá margen para distracciones. Si alguien cree que esto está hecho, está equivocado. Hay que lucharlo con orden, con intensidad y con memoria de lo que pasó hoy.

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