Sporting Cristal volvió a darnos una de esas noches coperas que en los últimos años escaseaban. Le ganó 2-0 a Junior F.C. de Barranquilla y lo hizo justo cuando tenía que hacerlo: después de haber sacrificado dos partidos de liga con la promesa implícita de que la Copa lo justificaría todo. Anoche, esa promesa se pagó.
El partido no fue sencillo, y tampoco estuvo cerca de serlo. Junior es un equipo que juega a otra velocidad, que presiona mejor y que te obliga a equivocarte. Durante varios tramos del primer tiempo, Cristal lo sintió: le costaba sostener la pelota, no encontraba claridad y parecía jugar siempre al límite de lo que puede dar.
La expulsión temprana del defensa rival, lejos de simplificar las cosas, las volvió incómodas. Junior se reacomodó, se cerró bien y nos quitó espacios. Y con espacios reducidos, Cristal sufre: le cuesta generar, le cuesta decidir. Por momentos, incluso, parecía que el equipo jugaba más cómodo antes de la expulsión que después de ella.
Entonces llegó aquello que también fue objeto de reclamo en los días anteriores. El partido cambió con una decisión del banco. Zé Ricardo mandó a la cancha a Martín Távara con una intención clara: tener alguien que lance, que obligue al rival a salir, que haga pensar al equipo de otra manera. Al poco tiempo, Cristal encontró una y la capitalizó. Luis Iberico, que venía jugando mejor antes de la expulsión, recoge de pecho un balón largo lanzado por Cristiano da Silva al corazón del área. Santiago González se acomoda y empalma. La pelota roza en un defensa colombiano y entra pegada al palo izquierdo. Dos centímetros más y era palo. Y es que así es la Copa, la gloria puede estar en un detalle.
Lo que vino después no fue dominio tranquilo. Junior, con uno menos, adelantó igual. No estuvo fino arriba pero obligó a Cristal a retroceder, a defender, a concentrarse durante casi cuarenta minutos. Hubo momentos de tensión, errores que se corrigieron a tiempo y algunos que no generaron daño solo por imprecisión del rival. En esa defensa, Rafael Lútiger y Miguel Araujo respondieron bien, el primero mejor que el segundo. El equipo sufrió, los recambios trajeron aire, se soportó, nos equivocamos en algunas pero no aflojamos.
El segundo gol llegó en el tiempo añadido y lo firmó Catriel Cabellos con una pausa que en este tipo de situaciones suele faltar: entró el área y no lanzó el pase cruzado, midió su marca, se la sacó con un movimiento limpio y hermoso, como un paso de baile, y dio un pase a la red. La colocó justo donde tenía que entrar, en ese espacio inverosímil entre el guante del arquero y el palo izquierdo. El grito lo tumbó mientras la alegría copera cervecera llenó el estadio de Alianza Lima de eso que no tiene y que sólo conoce cuando Sporting Cristal tiene que mudarse ahí: la alegría de imponer respeto a nivel internacional. Un gol bonito, de los que quedan en la memoria, de los que se recordarán durante mucho tiempo por cómo fue pero también por lo que significó. Y con él, la noche quedó sellada.
Lo importante no es solo el resultado. Es lo que significa en este momento. El equipo está en una mala temporada, de decisiones discutidas, de derrotas en el torneo local, de una planificación que genera dudas. En los momentos más oscuros de las últimas semanas, se refugió en el discurso de que la Copa era la prioridad. Anoche respaldó todo eso en la cancha. Eso no significa que los problemas hayan desaparecido. Cristal sigue siendo irregular, con dificultades para generar cuando no encuentra espacios y con rendimientos que suben y bajan. Felipe Vizeu tuvo opciones y no terminó de resolver. Pero en Copa no se trata de jugar perfecto. Se trata de competir. Y anoche Cristal compitió.
El resultado abre un escenario que hace tiempo no existía. Seis puntos en casa, la mejor primera rueda en Copa Libertadores desde hace veintiún años, y la posibilidad real de pelear la clasificación a octavos de final sin depender de una hazaña. Ya no se trata de ir a Paraguay o a Colombia a hacer la heroica. Se trata de administrar, de gestionar, de jugar con otra cabeza. Eso cambia mucho el ánimo y las posibilidades.
Habrá que ver qué pasa con Palmeiras, habrá que ver si el equipo sostiene este nivel, habrá que ver cómo se gestiona lo que viene. Pero por ahora, lo concreto es esto: Cristal hizo su parte. Y en un año donde todo venía torcido, eso ya es bastante.
Porque estas noches —las que se trabajan y se ganan— no aparecen todos los días. Y cuando aparecen, no se discuten: se disfrutan.