La Cancha: Junior F.C. 3 – Sporting Cristal 2

Sporting Cristal perdió 3-2 ante Junior FC en Cartagena por la penúltima fecha de la fase de grupos de la Copa Libertadores 2026. Y el marcador final, que en otra circunstancia podría leerse como una reacción con mérito, en realidad esconde más de lo que muestra.

Porque lo primero que hay que decir es esto: estar 3-0 abajo antes del descanso ante un rival que no jugó un partido especialmente bueno no es un accidente. Es el reflejo directo de decisiones que no funcionaron. Zé Ricardo mandó a la cancha un sistema inédito, uno que Cristal no había probado ni en el torneo local, y el resultado fue un equipo desordenado, expuesto y sin respuestas durante los primeros treinta minutos. El costado derecho de la defensa fue un problema desde el arranque: Alejandro Pósito volvió a aparecer en las jugadas que terminaron en gol, y Leandro Sosa tampoco ayudó. Un mediocampo sin marca ni estructura para filtrar el juego colombiano completó el cuadro. Junior aprovechó todo eso sin necesidad de hacer demasiado.

La pregunta inevitable es por qué Zé Ricardo tomó esa decisión. Y la respuesta más honesta no exculpa al técnico, pero sí pone el problema en su lugar: el plantel está fundido. Cristiano da Silva, por ejemplo, venía jugando todos los partidos, con la resistencia ya claramente al límite. Otros titulares acusan el mismo agotamiento. Entonces el técnico se vio obligado a rearmar con lo que quedaba, y lo que quedaba no alcanzaba para sostener el esquema habitual. La imagen de la banca durante el primer tiempo, mostrando a los juveniles sentados sin calentar, dice todo sobre cómo el técnico siente los recursos reales con los que cuenta. Los muchachos están para acompañar el proceso, no para sostenerlo. El plantel está mal armado, es corto, y eso tiene un responsable que no se llama Zé Ricardo.

Desde los finales del primer tiempo, con el esquema corregido y Junior cediendo espacios por comodidad propia, Cristal mejoró. Se descontó con un buen rebote capitalizado por Gustavo Cazonatti y se tuvo el partido cerca del empate pero Felipe Vizeu falló una ocasión clara que un delantero con más jerarquía habría capitalizado. Pero, en general, la reacción cervecera fue tibia. Cristal quiso pero no pudo, y esa es ya una frase que se repite demasiado.

El resultado además llega en el peor momento posible dentro del grupo. Cerro Porteño ganó en São Paulo contra todo pronóstico y se aseguró la clasificación a octavos de final. El panorama que parecía manejable hace unas semanas ya no lo es. Para que Cristal pueda mantenerse en Libertadores necesita una combinación de resultados que depende más de lo que hagan los otros que de lo que haga el propio equipo. Lo más probable, siendo honestos, es que la Copa termine en una repesca hacia la Sudamericana, que tampoco viene a ser un gran regalo considerando los equipos que participan en esa Copa y que podrían participar de la repesca (Millonarios, Santos, San Lorenzo, Racing Club, Gremio, Vasco da Gama, Bragantino, etc.). Lo de esta temporada en Copa fue simpático, tuvo momentos rescatables, pero no alcanzó. No iba a alcanzar. No había cómo.

Y mientras tanto, el torneo local sigue siendo el problema urgente. Cristal llega al final del Apertura en una posición vergonzosa para el tamaño del club, con un equipo que acumula derrotas ante rivales con los que no debería perder, y con una dirigencia que sigue sin dar la cara. Hoy jueves 21 hay una marcha convocada por la hinchada organizada, y es saludable que exista. Cristal no es solo un club de fútbol: es un fenómeno social, y manejarlo ignorando esa dimensión tiene un costo que más temprano que tarde termina pasando factura. Innova Sports puede creer que esto sólo se administra con KPIs y comunicados. La hinchada en la calle es la respuesta a eso.

El partido de ayer no es el bálsamo que todos en La Florida esperaban. Es un recordatorio más de que este plantel, con todo lo que puso en Copa, ya dio todo lo que podía dar. Y lo que queda por delante, en la liga y posiblemente en la Sudamericana, lo va a enfrentar fundido, corto y sin los refuerzos que nunca llegaron.

Porque cuando un equipo vive permanentemente al límite, tarde o temprano termina cayéndose.

Deja un comentario