Sporting Cristal dejó escapar un triunfo que tenía en las manos. Empató 1-1 ante Alianza Lima en Matute luego de controlar gran parte del partido y reducir al puntero a puro pelotazo y desesperación. Pero cuando el encuentro parecía resuelto, el equipo se relajó, perdió seriedad y terminó regalando dos puntos que hubieran significado mucho más que solo una mejor posición en la tabla.
Lo que fastidia no es sólo el gol sobre el final. Es la sensación de que Cristal hizo lo más difícil y lo arruinó en los últimos minutos. Porque, más allá de la posesión de Alianza, el equipo celeste fue el que manejó el partido durante la mayor parte del encuentro. Lo planteó mejor, defendió mejor y encontró respuestas futbolísticas mucho más claras que el local.
El primer tiempo ya había dejado señales de eso. Cristal armó dos líneas de cuatro muy ordenadas, cerró espacios y redujo casi por completo las posibilidades ofensivas de Alianza. El local tuvo la pelota, sí, pero con muy poca claridad. Mucho centro, mucho pelotazo y poca elaboración. En gran medida por sus propias limitaciones – que la prensa y sus comentaristas se afanan en ignorar y maquillar – pero también porque Cristal hizo un buen trabajo defensivo. La deuda cervecera en ese primer tiempo estuvo adelante.
Durante la primera mitad al equipo le costó salir, sostener posesiones largas y generar peligro. Pero eso cambió en el segundo tiempo. Alianza adelantó líneas, dejó más espacios, y ahí aparecieron mejores versiones de varios jugadores. Yoshimar Yotún tuvo más libertad para manejar, Gustavo Cazonatti encontró más participación, Luis Iberico pudo correr con espacio, y Cristal empezó a llegar con más claridad. No fue casualidad entonces que el gol llegara en el mejor momento del equipo.
La jugada nace de una carga cervecera. El remate de Cristiano da Silva rebotó en un rival y terminó en poder de Maxloren Castro, que desborda con calidad dejando dos aliancistas como estacas y mete una pelota venenosa al medio. Ahí apareció Cazonatti para definir de taco y marcar un gol que inevitablemente hizo recordar a Renzo Revoredo en 2016. Un gol que además resumía lo que había sido el partido hasta ese momento: un Cristal mucho más claro y mucho más enfocado que su rival.
Y ahí parecía que todo estaba encaminado.
Porque tras el uno a cero, el local entró en desesperación. Pablo Guede mandó a la cancha delanteros y atacantes sin demasiado criterio, más cantidad que idea, más angustia que fútbol. Zé Ricardo había ganado ya – y por largo – el duelo en la estrategia. Cristal, mientras tanto, se mantuvo bien parado. Rafael Lútiger y Miguel Araujo rechazaron todo lo que caía al área —buena noche de ambos, mejor el primero que el segundo— y el equipo parecía tener el partido en la mano hasta que apareció el problema. Cristal empezó a sentirse demasiado cómodo y soltó la mano.
No fue de golpe. Fue de a pocos. Hubo varias jugadas previas al empate donde eso ya se notaba: una de Gabriel Santana, otra de Irven Ávila, pelotas que se cedieron innecesariamente, cierta tranquilidad que no puede permitirse un equipo al que no le sobra nada. Hasta que llegó la jugada previa al gol: Cazonatti decide dejar pasar la pelota asumiendo que Leandro Sosa está detrás, sin mirar, sin confirmar. Es el «pase del desprecio». La expresión exacta de un equipo que ya estaba esperando que sonara el pitazo final cuando todavía faltaban minutos. Alianza recuperó, encontró a Cristal desacomodado, y con un puntazo desesperado a ojos cerrados que fue al arco como bien podría haberse ido a Balconcillo, empató un partido que ya lo había desbordado.
Eso es lo que deja bronca.
Porque este no era un partido cualquiera. Ganar en Matute, cortarle la racha al puntero y confirmar las buenas sensaciones que dejó el equipo en Copa Libertadores hubiera significado muchísimo en lo anímico. Más aún en una temporada donde Cristal prácticamente resignó el torneo local durante semanas para priorizar la Copa. La situación en la tabla tampoco ayuda a digerir el punto con tranquilidad: en la parte baja con sólo dieciséis puntos, a una distancia sideral de la lucha por el Apertura, en una posición que no refleja lo que el equipo mostró ayer por la noche pero sí lo que viene siendo la temporada.
Ahora bien. Dentro del fastidio, también quedan algunas cosas positivas. El equipo volvió a mostrar orden defensivo, compitió bien tácticamente y confirmó que con disciplina y aplicación puede superar rivales importantes a nivel local. Todos los indicadores del partido dan la razón a Cristal: más tiros, más grandes ocasiones, más córners, goles esperados superiores. No es poca cosa. De hecho, probablemente fue uno de los partidos más correctos del campeonato desde lo táctico. Queda esperar que la lección que deja este empate termine siendo más útil para la consolidación del equipo que lo que habría sido la alegría de un triunfo bien trabajado. No se nos debe pasar que en el fútbol no alcanza con hacer muchas cosas bien si al final regalas el resultado.
Y eso fue exactamente lo que pasó.