Un punto entre el caos y el arquero

Hay partidos en los que el empate se celebra como un triunfo. Este no es uno de ellos.

El punto que sacamos anoche en la Nueva Olla tiene más que ver con la suerte —y con la genial actuación de Diego Enríquez— que con méritos colectivos. Cerro Porteño fue más. Nos dominó, nos llegó con frecuencia y si no nos derrotó fue porque le falló la definición. Y porque tuvimos un arquero que se agrandó en esta noche difícil.

No fue un papelón como en La Paz, es cierto. Pero tampoco fue un buen partido. Fue apenas un Cristal que no hizo el ridículo. Y eso, en esta etapa, ya parece consuelo.

El equipo —con Paulo Autuori por primera vez en el banco— sí dio una señal distinta: dejó de rifarla. Por primera vez en mucho tiempo, se intentó jugar al ras, con posesión, incluso con algo de pausa. Se apostó al pase corto, al control, a no regalar cada balón como si quemara. Eso es lo rescatable.

Pero no confundamos: no fue valentía ni superioridad. Fue una noche en la que el rival no metió las que tuvo y nosotros hicimos poco para merecer más. No hay virtud en el azar, ni pundonor suficiente que disimule una defensa endeble o un medio campo parchado que a cada jugada nos recuerda a los que deberían apoyar desde ahí y no están: Yotún, Cazonatti y Pretell.

Es un error, entonces, pensar en que hay que «sostener» este nivel. Lo que hay que hacer es empezar —de verdad— a mejorar desde lo que fue Cristal anoche.

Y aun así, algo cambió. Porque entre tanto caos, entre tanta derrota amarga, este punto, sin ser justo ni épico, se siente como una miga de pan en medio del hambre. No calma. No llena. Pero nos recuerda que todavía estamos a tiempo de sentarnos a la mesa. Si tan sólo los que no entienden de qué va esta institución se hubieran tomado en serio la responsabilidad de liderarla.

1 comentario en «Un punto entre el caos y el arquero»

Deja un comentario