La Cancha: Sporting Cristal 1 – FBC Melgar 2

Sporting Cristal perdió 1-2 ante FBC Melgar en el Alberto Gallardo y la sensación es profundamente fastidiosa. Fastidiosa no solo por el resultado —que no se esperaba— sino porque, visto el partido con frialdad, Melgar fue un justo ganador. A lo largo de los 90 minutos hizo mejor las cosas, tuvo más claro a qué jugar y sostuvo su plan incluso cuando Cristal lo empujó en el primer tiempo y durante algunos pasajes del segundo. Melgar jugó con coherencia. Conoció sus virtudes, entendió sus límites y no se traicionó nunca. Cristal, en cambio, volvió a mostrar esa versión a medio camino entre la idea y la realidad. Porque sí, hay una idea. Pero todavía no hay un equipo que la ejecute bien.

El primer tiempo de Cristal fue mejor. Hubo dominio territorial, hubo intención, hubo momentos donde el equipo se paró más adelante, recuperó rápido y sometió a Melgar a jugar cerca de su área. Pero, otra vez, el mismo problema: no se tradujo en el marcador. Deficiencias en la definición, malas decisiones en los últimos metros y una sensación constante de que todo el esfuerzo no alcanzaba para romper el partido.

Y cuando no rompes el partido, el fútbol te pasa la factura.

En el segundo tiempo Cristal se perdió. Perdió el orden, perdió la calma y empezó a defender mal para un equipo que quiere jugar tirado hacia adelante. El gol de Melgar llega en una sucesión de infortunios (el rechazo hacia atrás, la atajada a medias de Enriquez, el palo que la manda de vuelta al medio), pero termina castigando, como el gol de Ascues en Cusco, a un equipo que ataca mucho pero no sabe aún cómo definir.

Después, como dice el dicho, tras cuernos, palos. La expulsión de Juan Cruz González es una roja de VAR, de esas que ya conocemos: pisotón, revisión, roja directa. No es una jugada de mala intención, no es ir a partir a nadie, pero es roja con el reglamento actual. Ya nos pasó el año pasado, nos pasó a favor y en contra. No es excusa. Es contexto.

Con uno menos, Cristal terminó de desarmarse. La idea de los carrileros atacando como extremos y los extremos cerrándose como interiores desapareció. Todo se volvió carga frontal, centros, empuje sin claridad frente a un Melgar que ya estaba cómodo, ganando, haciendo tiempo y defendiendo con orden.

El empate llegó en una de las pocas jugadas claras. Pase filtrado de Santiago González y definición de Felipe Vizeu debajo del arco. Gol. Pero pongamos las cosas en su sitio: ese es el gol más fácil que va a hacer Vizeu en el año. No borra nada. No maquilla nada. Es el gol que lo hace cualquier nueve… y que, si no lo hacía, ya estaríamos hablando de un desastre absoluto. Y acá aparece el problema estructural que se repite partido tras partido. Si tu ‘9’ es torpe, necesitas elaboración perfecta. Si tu elaboración no es perfecta —y no lo es— necesitas un ‘9’ que se fabrique situaciones, que saque goles de la nada. Cristal no tiene ninguna de las dos cosas funcionando a la vez.

Con el empate y un hombre más por la expulsión posterior de Matías Zegarra, Cristal tuvo unos minutos de espejismo. Paulo Autuori reacomodó, sacó a Rafael Lutiger, intentó una especie de 4-3-3 muy ofensivo. Pero el equipo ya estaba partido. En el cansancio y la frustración, nadie cerró, nadie tomó marcas con seriedad, todos pensaron en la jugada siguiente y nadie tomó en serio a Melgar. Pero Melgar sí se tomó en serio el ataque. Aprovechó el desorden, encontró espacios y llegó el 2-1 que sentenció el encuentro. Ahí se acabó todo.

Y esto nos devuelve a una comparación incómoda pero inevitable. Juan Reynoso lleva menos tiempo que Autuori en su equipo. Hoy Melgar juega a algo concreto. Cristal todavía no. Cristal intenta, prueba, insiste… pero ejecuta mal. Todo es a medias. Todo es impreciso. Todo queda corto.

Molesta, además, el contexto. De seis puntos posibles, Cristal sacó uno. Dos partidos difíciles, sí. Deportivo Garcilaso y Melgar no son rivales simples. Pero a este ritmo, la matemática no espera. Nadie dice que el Apertura esté perdido en la fecha dos, pero estos puntos perdidos son los que después te pasan la factura.

Ahora viene Juan Pablo II College en Chongoyape. Y ahí se suman más problemas. El eterno: el ‘9’. Vizeu no funciona y ya no es sorpresa. Es una decisión del técnico insistir con él, pero cuando la insistencia no da resultados, deja de ser convicción y empieza a parecer necedad. Y aparece otro tema: no hay suplente natural de Juan Cruz González. Con la expulsión, seguramente entrará Leandro Sosa, pero volvemos a lo mismo: un plantel corto, sin soluciones reales cuando algo se rompe.

Autuori tiene una idea. El plantel fue armado para esa idea. Pero si no concretas rápido, la idea se diluye. Si no ajustas, se cae sola. Y Cristal no está para experimentos largos ni para demostrar egos personales. Tenemos que encontrar el piso pronto. Ojalá se corrija rápido. Porque esto recién empieza, sí. Pero también es cierto que ya empezamos a ver patrones peligrosamente conocidos.

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