Sporting Cristal se regresa de Andahuaylas con una derrota 3-2 frente a Los Chankas CyC en un partido que deja muy poco rescatable. Más allá del marcador ajustado, el rendimiento fue bajo y, sobre todo, condicionado por errores propios que terminaron explicando el resultado.
Porque si uno mira los 90 minutos, hay un dato que puede confundir: Cristal tuvo la pelota, tuvo la posesión y, por momentos, también la cancha. Pero eso no se tradujo en peligro real. Fue un equipo completamente inofensivo que prácticamente nunca llegó a estar de cara al arco.
Chankas, en cambio, hizo un partido simple y efectivo. Sobre todo en el segundo tiempo, con el marcador a favor, se dedicó a esperar. Defendió con siete, ocho, hasta nueve hombres cerca del área y obligó a Cristal a enfrentar un problema recurrente: la incapacidad para romper bloques cerrados. A eso se sumó la indecisión. No hubo claridad para saber cómo atacar ese contexto.
Pero todo el análisis queda inevitablemente atravesado por un hecho concreto: dos de los goles del rival fueron regalos.
El primero nace de un pase hacia atrás de Leandro Sosa completamente innecesario y mal ejecutado. Presionado, sin salida clara, decide jugar una pelota comprometida hacia Diego Enríquez, descolocado y sin opción de reacción. El error termina en gol. No hay mucho que reprocharle al arquero cuando la jugada nace tan mal resuelta.
El segundo vuelve a combinar dos factores recurrentes: el riesgo estructural del sistema y un error no forzado. Cristal juega con la defensa adelantada, deja espacios a la espalda y, si pierde la pelota en salida, queda expuesto. Eso fue exactamente lo que pasó. La jugada termina en una transición rápida y en un gol que encuentra al equipo mal parado.
El tercero llega ya en el segundo tiempo, tras otro error, esta vez de Yoshimar Yotún. Una pelota que, si seguía su rumbo, terminaba en los pies de Cristiano da Silva para la salida. Un intento de despeje apurado dejó el balón servido para el rival. Gol y partido sentenciado.
Tres goles. Dos claramente regalados. Y un patrón que ya no es nuevo.
Cristal ha concedido goles así en otros partidos: errores en salida, pérdidas innecesarias en zonas sensibles y una estructura que, por cómo está planteada, castiga mucho esos errores.
En ataque, poco y nada. Gabriel Santana tuvo un partido bajo y además salió lesionado. Ubicado como extremo, su influencia se diluyó. Cuando jugó por dentro mostró cosas interesantes; por fuera pierde peso. Irven Ávila tuvo un partido incómodo y Felipe Vizeu prácticamente no tuvo incidencia. Yotún, que venía siendo determinante en otros encuentros, tampoco estuvo fino.
El descuento de Miguel Araujo en el primer tiempo llegó tras un centro que encontró al defensor libre en el área. Una acción aislada más que construcción colectiva. El 3-2 de Luis Ibérico, ya en el minuto final, sí fue una buena jugada: pausa, decisión y definición correcta. Pero quedó en eso, en un momento puntual dentro de un partido pobre.
Más allá de los errores, hay problemas de fondo.
El primero es defensivo. Este equipo, por cómo juega, asume riesgos. Pero esos riesgos se vuelven insostenibles cuando se cometen errores no forzados. Perder la pelota en salida con la defensa adelantada termina costando goles. Está pasando seguido.
El segundo es ofensivo. Falta profundidad. Cuando el rival se cierra, como lo hizo Chankas, Cristal llena el área de gente pero no genera ventajas. Termina en centros, rebotes y jugadas previsibles. Sin un delantero que marque diferencias y sin claridad en los últimos metros, el equipo se vuelve inofensivo.
Y ahí aparece otra pregunta: ¿hay plan B? Porque en escenarios como este —altura, rival replegado, partido trabado— la idea base de Paulo Autuori no está alcanzando. Y no se está viendo una alternativa clara para cambiar el desarrollo cuando el plan inicial no funciona.
La derrota también golpea en la tabla. Chankas se escapa, la distancia con los primeros se amplía y la sensación es que el Apertura queda aún más lejos. Más allá de resultados puntuales de otros equipos, Cristal ha cedido demasiado terreno.
Ahora viene un parón que puede ser oportuno. El equipo tendrá tiempo para recuperar jugadores, ajustar cosas y, sobre todo, intentar corregir problemas que ya son crónicos. Porque lo que se vio hoy no es un accidente aislado: es la repetición de fallas que vienen apareciendo hace varios partidos.
Con lo que tenemos hoy, claramente no alcanza. Ni para competir con rivales que proponen algo más, ni para sostener una idea que, sin ejecución, se vuelve frágil. La mejora que se insinuó en partidos anteriores no se trasladó a este contexto. Y eso también dice bastante.
En resumen, el 3-2 puede dar la sensación de un partido parejo. No lo fue. Cristal tuvo la pelota sin saber qué hacer con ella. Y perdió, sobre todo, por sus propios errores. Otra vez.