La Cancha: Sporting Cristal 0 (5) – Sportivo 2 de Mayo 0 (4)

Antes de hablar de fútbol.

Ayer, luego del fin del partido, delincuentes atacaron a los hinchas cerveceros que salieron primero del estadio pensando, precisamente, evitarse cualquier problema. Un acto antisocial intolerable y, además, de una cobardía absoluta ya que se dio en contra de los cánones tribuneros. Se atacó a hinchas mientras pudieron porque cuando pasó la barra, los delincuentes se escondieron.

Somos una sociedad enferma y este tipo de violencia lo demuestra. Contra eso es poco lo que el club puede hacer pero, lo que sí puede y debe hacer, es cuidar de su gente. Gestionar mejor las garantías con la policía, señalizar las vías de escape y orientar a sus hinchas. A esas cosas debería dedicarse las gerencias legales y de operaciones del club y no a estar peleando molinos de viento.

En dos semanas se juega el partido por fase 3 y habría que evaluar cómo mudar la localía a una sede donde haya menor riesgo y, si por cuestiones de infraestructura no nos queda otra que volver a jugar en el Miguel Grau, hay que mejorar el operativo de seguridad.

Desde acá nuestra solidaridad a los hinchas agredidos y nuestra exigencia a la dirigencia del club para que asuma un papel protagónico en la defensa de su propia gente.

Luego, el fútbol:

Sporting Cristal clasificó a la fase 3 de la Copa Libertadores tras empatar 0-0 con Sportivo 2 de Mayo y ganar 5-4 en penales en el Miguel Grau. Hubo euforia y alivio. Pero ahora hay la necesidad de ser sinceros con nosotros mismos: no fue el partido que queríamos ver.

Durante los 90 minutos, Cristal fue superior en intención, en posesión y en dominio territorial. El equipo intentó controlar el juego desde la pelota, incluso abusando del pase hacia atrás para sostener la posesión. La idea era clara: no rifar, no partir el equipo, no darle transición al rival. En teoría, correcto. En ejecución, irregular.

2 de Mayo vino a lo suyo, cerrarse atrás y quemar tiempo. Ordenado, disciplinado, limitado en fútbol pero generoso en esfuerzo. Bloque bajo, líneas juntas y mucha defensa por dentro. Eso obligó a Cristal a volcar el juego hacia los costados y a insistir con centros que, en muchos pasajes, terminaron siendo previsibles. El “centro para que alguien lo encuentre” sigue sin ser una solución consistente.

Aun así, en el primer tiempo hubo generación. No fuimos un equipo inofensivo. Tuvimos llegadas claras, especialmente sobre el final de la etapa, cuando el desgaste paraguayo empezó a notarse. Si alguna de esas que tuvo Santiago González entraba, hoy el relato sería otro. Pero no entraron. Y cuando no eres eficaz, el nervio aparece.

En el segundo tiempo, menos claro que el primero, intentamos mantener la calma y el ritmo. Lo hicimos hasta que llegó el remate cruzado de Yoshimar Yotún que se fue desviado —¿el séptimo, octavo remate claro desviado?— y que cambió el clima. Desde ahí el equipo se aceleró, se desordenó, los paraguayos intentaron salir un poco más. Entonces el partido dejó de ser control para convertirse en ansiedad.

Individualmente, fue una noche irregular. No hubo errores groseros en defensa ni fallas clamorosas en ataque, pero tampoco hubo un rendimiento redondo. Santi impreciso, los extremos sin profundidad sostenida. Catriel Cabellos sin reeditar su noche en Pedro Juan Caballero. Y el tema del “9” sigue siendo una herida abierta: no hay un delantero que encaje perfectamente con lo que el equipo necesita. Felipe Vizeu quiere ponerle ganas pero su futbol termina siendo intrascendente. Al final, en un puesto que según el técnico y la dirigencia teníamos solucionado, en el partido más importante de la temporada tuvimos que improvisar con cuatro jugadores distintos sin que ninguno fuera lo que se necesita. Tras la salida de Vizeu fue Irven Ávila quien asumió el puesto. Luego Santi probó como centro con otro remate desviado. Y finalmente Christian Benavente, a quien nunca habíamos usado como ariete. Es claro que no hay solución a ese problema y que Paulo Autuori termina remendando más que solucionando.

En el global de los 180 minutos, la clasificación es justa. Cristal fue más equipo, tuvo más fútbol y mayor intención de juego que 2 de Mayo. Pero también hay que decirlo: nos vimos muy cerca de quedar afuera y, entonces, la historia la estaríamos contando de otra manera. Desde el romanticismo del equipo humilde que elimina al peruano más copero, hasta la debacle nacional de ver cómo un debutante de otro país elimina con contundencia a dos grandes peruanos. O peor aún: el golpe institucional de una eliminación dolorosa.

Felizmente, nos salvamos de ese relato.

En los penales, apareció la fortaleza mental. Eso que mas de uno llama ser «coperos». La memoria de la camiseta que recuerda las noches gloriosas de Copa Libertadores y que intenta ir hacia ahí, a donde la memoria lo lleva, a buscar el prestigio que existió y que queremos que perdure. Más allá de que los paraguayos fallaron con un par de ejecuciones bastante deficientes, Cristal mostró temple. Yoshimar Yotún, el capitán, mostró el camino. El penal de Benavente fue bien atajado más que mal pateado. Martín Távara retomó la tranquilidad para que Cristal no se extraviara luego de ese penal errado y luego vinieron definiciones con personalidad: Christopher Gonzales picándola, Juan Cruz González fusilando y Cristiano da Silva cerrando la serie con categoría y seguridad. En una llave que no la resolvimos por fútbol, terminamos cerrándola por jerarquía.

Este resultado ya nos asegura, como mínimo, fase de grupos de Copa Sudamericana en caso no superáramos la siguiente llave. Eso es importante en términos de presupuesto y calendario. Pero si el objetivo es no irnos de la Copa Libertadores, el nivel debe subir. Porque claramente lo de ayer no alcanza para una fase de grupos exigente. Si bien este es un equipo que siempre intenta jugar, tener la pelota, dominar y avanzar en base a juego, le sigue faltando eficacia, claridad en los últimos metros. Y todos, hinchada prensa y el fútbol mismo, extrañan un delantero que resuelva. Aunque Autuori se moleste.

La próxima serie contra Carabobo será más dura. Nos exige un viaje largo con un equipo que ha tenido un par de semanas demasiado intensas. El desgaste del equipo ya no es sólo una sospecha, es un factor clave. La rotación es necesaria y la administración física no puede ser un detalle menor.

Pero eso se verá a partir de mañana. Hoy hay alivio y alegría de prueba difícil superada. Hay clasificación y serie ganada que le dan vida y a este proyecto. Pero si este es el techo, no alcanza.

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