Dias movidos en Sporting Cristal. El lunes se inició la pretemporada y ayer, martes, hubo conferencia de prensa. La conferencia no fue solo una presentación de refuerzos: terminó siendo una confirmación.
Confirmación de que en Sporting Cristal, aunque Julio César Uribe repita una y otra vez que han aprendido de los errores, se siguen tomando decisiones bajo una misma lógica: resolver lo inmediato, maquillar lo estructural y llamar “opinión” a lo que en realidad son datos.
Arranquemos por lo evidente.
Llegaron Juan González, Cristiano da Silva y Gabriel Santana. Dos laterales y un volante. Refuerzos necesarios, sí. Nadie discute eso. Pero también incompletos. Porque ni Juan ni Cristiano, los laterales, tienen hoy un suplente real que sostenga nivel, que pueda disputarles el puesto generando competencia interna o que, cuando menos, dé confianza cuando alguno de ellos se lesione o estén suspendidos. De esa manera, el plantel vuelve a dejar los laterales como uno de los puntos más frágiles del plantel, incluso más que el famoso «9».
Y ahí aparece el primer problema serio del discurso de Uribe. Cuando se le preguntó a Julio César Uribe por el delantero, la respuesta fue clara: para el club, Felipe Vizeu, Irven Ávila, Luis Iberico, Diego Otoya y Mateo Rodríguez alcanzan. Ellos creen que sí. Nosotros creemos que no. Y, como bien se dijo, eso lo quieren poner en el terreno de la opinión. Pero el debate no es quién opina qué. El debate es este: la producción goleadora de Cristal en 2025 fue bajísima, y eso exigía algo más que confianza discursiva. Exigía trabajo, corrección, refuerzo o, como mínimo, una señal clara de que el problema había sido asumido. Y esa señal no apareció. Luego, si Vizeu se destapa o no, será otra historia. Y si no lo hace, otra vez terminaremos improvisando con un juvenil o con el Cholo Ávila cargando una mochila que ya no debería cargar.
Después está el caso Luis Advíncula. Que Advíncula venga o no venga a Sporting Cristal no se explica solo por una decisión futbolística. Hoy sabemos que la diferencia entre lo que ofrece el otro club y lo que ofreció Sporting Cristal es enorme al punto de desbaratar cualquier tipo de conversación. Todo quedó en la cancha del jugador y el jugador decidió. Pero, más allá de si Advíncula respondió o no a lo que él mismo declamó, fue claro que para Sporting Cristal ese tema quedó cerrado desde que se anunció la contratación de Juan González.
Pero la pregunta acá no es tanto si el club debió o no insistir con Advíncula porque el problema no es el jugador -más allá de su alegada identificación con el club y su prestigio internacional – , el tema es que el club decidió no completar su propia plantilla a la que, a toda vista, le falta aún solucionar el problema de los laterales. Y ojo: esto no va de nostalgia ni de romanticismo. Va de jerarquía, de liderazgo y de cerrar bien un puesto clave.
Y así como Advíncula priorizó lo económico, en Sporting Cristal tampoco pueden criticar mucho porque hacen lo mismo. Si tienes dudas, mira el otro gran tema del día: 1xBet.
Que 1xBet llegue al pecho de Sporting Cristal no es un detalle menor ni una discusión de “hincha sensible”. Es una señal clarísima de prioridades. La oferta es buena, sí. Definitivamente mejor que otras. El problema no es el dinero. El problema es la reputación.
Durante años, 65 años, Cristal se construyó como un club que cuidó el prestigio de su marca, que priorizaba la decencia institucional, que se asumía —para bien y para mal— como “el club modelo”. Eso generó respeto y también enemistades. Hoy todo parece indicar que desde la llegada de Innova Sports eso ya no importa tanto. Hoy se acepta una marca cuestionada porque paga lo que se pidió, porque el corto plazo manda. En el análisis no importa si el auspiciador es cuestionado o no porque en el fondo los cuestionados también terminamos siendo nosotros. Ahí sale a cuenta el conflicto de intereses que existió desde que llegaron estos señores, los problemas con la hinchada, la reacción del club y sus familiares y todo eso que hace que hoy las marcas que pretendan reivindicar valores nos vean entrecerrando los ojos.
Todos estos temas nos traen de vuelta a la realidad: el 2025 se habrá ido pero lo que estuvo atrás del 2025, no. Porque todo esto no son hechos aislados sino que son la evidencia de una forma de gestionar que ya fracasó antes y que a todas luces se mantiene hoy. Una forma en la que el plantel profesional se arma con lo justo, la jerarquía es negociable y la identidad se flexibiliza.
Ahora, el año recién empieza y es claro que nada de esto significa que el 2026 esté perdido. Pero sí significa que, a pesar de lo que repita Uribe, no se ha aprendido lo suficiente del 2025. Se corrigieron cosas, sí. Algo se ajustó. Pero no lo esencial. Porque al final, más allá de nombres, sponsors o conferencias, la pregunta sigue siendo la misma:
¿Cristal es consciente que tiene que construir un proyecto sólido o está simplemente administrando la temporada a ver cómo le sale?
Esa respuesta —como siempre— no la darán las palabras. La dará la cancha.
Feliz 2026