Sporting Cristal cerró la Tarde Celeste 2026 con un 3-1 que dejó una sensación clara: fue una tarde bonita, con goles, con público y con algunas ideas interesantes, pero todavía lejos de conclusiones definitivas. Fue el primer partido con gente en las tribunas este año y eso, por sí solo, ya lo volvía especial. El campeonato empieza el próximo domingo y esto era, básicamente, el primer vistazo real a lo que se está intentando construir.
Hubo buena asistencia, la hinchada celeste acompañó y también habló. En el “pifiómetro” quedó claro quiénes hoy generan rechazo —Catriel Cabellos, Diego Otoya— y quiénes generan expectativa. Sorprendió gratamente el respaldo a Martín Távara y el aplauso fuerte para Gustavo Cazonatti, Ian Wisdom y Maxloren Castro.
En lo futbolístico, el once inicial dejó señales. No fue casualidad que Irven Ávila arrancara como titular. Eso dice mucho de la idea de Paulo Autuori. Más aún cuando se vio que Irven no jugó como un nueve clásico, sino más retrasado, participando en la gestación. Algo que ya se había insinuado antes: Irven rinde más unos metros fuera del área que como cazador fijo.
La otra novedad fue la ubicación de Maxloren Castro y Gabriel Santana. No estuvieron abiertos como extremos puros. Se cerraron bastante, dejando que los laterales —Cristiano da Silva y Juan Cruz González— pasaran con agresividad. Especialmente lo de González fue evidente: jugó casi como carrilero, muy alto. Santana se metía por dentro y eso generaba superioridades, pero también un riesgo claro: las espaldas quedaban expuestas.
Santana, además, rompió una expectativa previa. Muchos imaginábamos que iba a ser ese “10” que el año pasado nunca existió. El organizador en tres cuartos. Pero no. Jugó mayormente por derecha. Desde ahí marcó un buen gol y participó bastante. No fue el salvador ni el distinto absoluto, pero sí mostró experiencia, lectura y una colaboración clara en el juego. Es un jugador útil. Habrá que ver cómo lo termina usando Autuori.
En el medio, el trío Wisdom-Yotún-Távara buscó asociarse. Y ahí apareció quizá lo más interesante del partido: los triángulos. Por derecha, González, Santana y Wisdom; por izquierda, Cristiano, Távara y Maxloren. Pequeñas sociedades, pases cortos, intención de juntar gente para progresar. El primer gol nace exactamente de eso: paciencia, toques, continuidad y un remate bien elegido. Algo que nos faltó casi todo el 2025.
Pero ese planteo también implicó riesgos defensivos. El equipo jugó más adelantado que el año pasado, unos metros más arriba, sin llegar a ser presión alta. Y en una mala decisión ofensiva, mal pase incluido, vino el gol ecuatoriano: transición rápida, equipo mal parado, laterales lejos, centrales expuestos. Una jugada que explica el costo de la apuesta.
En el segundo tiempo hubo más pruebas. El ingreso de Felipe Vizeu por Ávila confirmó que el cuerpo técnico insiste en que él sea el nueve. Y, sinceramente, su actuación refuerza las dudas: falló más de lo que aportó, incluso en un contexto favorable. En cambio, Cazonatti le dio otra dinámica al medio, y por momentos se vio algo interesante: Santana y Santiago Gonzales bien abiertos, Christian Benavente casi como segundo punta y Vizeu fijo. No duró mucho, pero dejó una insinuación táctica más.
El partido, luego, se desarmó. Cambios, cansancio, equipos alternos. El gol de Vizeu quedó para la anécdota, igual que otra ocasión que volvió a fallar. Ahí ya no había mucho para analizar.
Con todo, la sensación general es esta: se vio a un Cristal que intenta corregir cosas del año pasado, no uno completamente nuevo. Hay ideas, hay búsqueda de asociaciones, hay una vocación más ofensiva. No es improvisación pura. Y eso, después de nueve meses de Autuori, tranquiliza un poco.
¿Está resuelto el problema de los laterales? No. ¿Está claro el rol del nueve? Tampoco. ¿Santana es la solución creativa? Aún no. Pero tampoco se puede decir que no se haya mostrado nada.
El debut será en Cusco. Altura, rival incómodo, riesgos distintos. Habrá que dosificar, porque lo que hoy fue audaz, allá puede ser peligroso. Y ni Da Silva ni Juan González tienen experiencia real en la altura.
Cierro con esto: no salí ilusionado, pero tampoco alarmado. Vi un equipo que se reconoce a sí mismo y trata de mejorar. Falta mucho. Muchísimo. Pero al menos, por primera vez en meses, hay algo concreto para observar. Ahora toca ver si se sostiene. Porque una Tarde Celeste puede ser un punto de partida. O solo un espejismo más.