La Cancha: Alianza Lima 0 – Sporting Cristal 0

Este empate no va a ser recordado. No tuvo goles, no tuvo celebración, no tuvo épica. Pero, a su manera, dice mucho. Dice que algo está cambiando en Sporting Cristal. Que aunque no hayamos ganado, volvimos a competir.

Porque el Cristal que salió ayer al Alejandro Villanueva no fue el equipo miedoso, partido e inofensivo del Apertura. Fue un equipo que asumió el partido con valentía, que presionó arriba, que quitó, que quiso tener la pelota. Y durante los primeros treinta minutos, superó nuestras propias expectativas. En ese arranque, el equipo fue compacto, agresivo, ordenado. Dos líneas bien marcadas, que presionaban con convicción y defendían con criterio. Paulo Autuori, en lugar de refugiarse o esperar el error del rival, eligió disputar el partido desde la posesión. Hizo lo menos intuitivo y acertó. Y eso, en ese estadio, con todo el contexto encima, se valora.

Claro que no todo fue acierto. El partido también tuvo errores, y uno de ellos fue el arbitraje. La expulsión a MaxLoren Castro fue absurda, más aún si se compara con la falta casi idéntica de Hernán Barcos en el primer tiempo, que ni siquiera fue revisada. El golpe de Martín Távara contra Miguel Trauco, para ser sinceros, también era de roja. Pero nadie dijo nada. Y la falta contra Fernando Pacheco en el área… se han cobrado penales por menos. El VAR, en Matute —siempre en Matute— parece tener un par de chuletas en los ojos.

Si hablamos de los jugadores, el partido fue sombra y luz. Pacheco volvió a darnos un partido pálido. Corre, sí. Corre todo lo que puede. Pero decide mal, ejecuta peor. En un partido así, cada jugada mal elegida pesa. Por el contrario, lo de Miguel Araujo fue tremendo. Ordenó, anticipó, sostuvo. Estos rendimientos —del único refuerzo del año— confirman que la gente no hablaba por hablar. Este equipo necesitaba desde el inicio refuerzos como él.

Hacia el final, el equipo se quedó sin piernas. Jesús Pretel, Christopher Gonzales y Távara estaban fundidos. Autuori no hizo más cambios. No por terco, sino porque no había con qué. Meter a Catriel Cabellos o a algún otro muchacho en un partido así, tan picante, no sumaba: podía hundirnos. El técnico optó por resistir con lo que tenía, y eso también dice mucho sobre la realidad que vivimos.

Pero en medio de esa escasez, el técnico está haciendo mucho. Ordenó la defensa, cerró el arco y, por fin, potenció a los jugadores. Lo que no hicieron Guillermo Farré, Enderson Moreira ni Tiago Nunes, lo está haciendo él. Leandro Sosa por derecha se ve cómodo. Nicolás Pasquini, con todas sus limitaciones, se ha afirmado. Pretel está mejor. Távara más ordenado. Y aunque este aún no es el Cristal que queremos, al menos ya no es el Cristal que daba lástima.

Llevamos cuatro partidos con el arco en cero. Una defensa que no se construye desde el repliegue, sino desde la posesión. Un equipo que no regala la pelota, que no se tira atrás, que no se entrega. Falta muchísimo. Faltan refuerzos, faltan recambios, falta jerarquía. Pero al menos ahora hay una idea. Hay trabajo. Hay un camino.

¿Vamos a recordar este partido? Lo más probable es que no. Pero, en este momento del año, este empate vale más de lo que parece. Porque muestra que el equipo ya no es un desastre. Que tiene herramientas, aunque limitadas. Y que, aún sin brillar, puede competirle a cualquiera.

Y si hablamos de lo que viene, digámoslo claro: este empate suma si se le gana a FBC Melgar y a Deportivo Binacional. Porque los campeonatos no se ganan en los clásicos: se ganan contra los rivales que no son rivales. Contra los que te quitan puntos sin derecho. En eso, Cristal ha venido haciendo su tarea. Melgar no llega bien, pero no estamos para mirar a nadie por encima del hombro. Lo que sí sabemos es que, si este Cristal mantiene la línea de estos últimos partidos, puede cerrar el 2025 en otra sintonía.

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