Un sólo tiempo.

Sporting Cristal fue a Huanta, y volvió con lo que debía: goleada, puntos y algo de juego. El 4-1 ante Ayacucho FC fue, como pocas veces en esta temporada, un partido resuelto con autoridad, sin sobresaltos ni lamentos. Pero también con un dato adicional: se jugó con suplentes, con varios juveniles, y con la clara intención de mirar hacia adelante.

Porque si bien el trámite del encuentro se resolvió rápido —gol a los cinco minutos, expulsión del arquero rival a los diez—, lo interesante vino después: Cristal aprovechó la ventaja para jugar, no para administrar. En el primer tiempo, los goles llegaron desde el juego, desde asociaciones bien pensadas, desde movimientos entrenados. Y entre esos movimientos, aparecieron nombres nuevos, piernas frescas, rostros de cantera que están empezando a mostrar si están listos para quedarse y asumir el reto que es llevar la camiseta celeste.

El segundo tiempo, en cambio, sobró. Con el 1-4 en el bolsillo, el equipo dejó correr el reloj. Y no estuvo del todo mal. Porque si bien el ADN futbolístico cervecero impele a ir siempre hacia adelante y ampliar diferencias hasta límites récord, este Cristal no está para derroches ni para lujos. No hay que olvidar que estamos en fase de diagnóstico.

Eso es lo que está haciendo Paulo Autuori. Está mirando. Está evaluando. Ayer no sólo hubo rotación por la cercanía del partido ante Cerro Porteño – partido importante para Sporting Cristal si los hay – . Se trata también de dar oportunidades para que el técnico sepa con quién puede contar, por quién vale la pena seguir apostando, y en qué posiciones hay que meter mano cuando se cierre el Apertura y llegue la hora de reconstruir en serio.

Entonces sí: fue un partido de un solo tiempo. Pero fue un tiempo bien aprovechado, bien gestionado, bien leído. Y eso, para este momento, vale más que cualquier resultado decorativo.

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