Conscientes del daño, orgullosos del desastre
Después de la humillación en La Paz, no quedan dudas: quienes sostienen este proyecto no solo son incapaces. Son dañinos. Y lo saben.
Después de la humillación en La Paz, no quedan dudas: quienes sostienen este proyecto no solo son incapaces. Son dañinos. Y lo saben.
La goleada en Cajabamba no es un accidente. Es el desenlace previsible de un proyecto que nació mal, de una dirigencia que no entiende el tamaño del club, y de un equipo que, sin soporte, hoy se cae solo.
Sporting Cristal lo hizo todo. Metió una presión interesante en los primeros 15 minutos, metió un gol de taco, se falló dos goles, no reaccionó ante el reacomodo del rival, la perdió en salida y defendió mal un tiro libre, le voltearon el partido, no reaccionó con criterio para sortear a un rival al que superaba ampliamente en cada línea. Todo lo hizo y lo hizo mal.
Fue un partido que se tuvo controlado casi todo el tiempo y que el mismo equipo decidió mantenerlo así y no hacer exhibición de poderío aunque eso implique la disconformidad de su gente. Habían otras cosas que tomar en cuenta como el regreso del goleador Martín Cauteruccio y la posibilidad de soñar, para él, con un regreso con gol.
En realidad Cristal necesito de poco fútbol para ganarle a Alianza Lima y prácticamente sacarlo de la carrera por el torneo Apertura. Bastaron dos jugadas de un encendido Joao Grimaldo, bien secundado por un bastante sorprendente Santiago Gonzalez, para que se marquen diferencias definitivas.
Lo que no me gusta de ganar al último minuto es que la alegría desbordante puede hacer que olvides lo mal que jugaste.