La Cancha: Cusco F.C. 3 – Sporting Cristal 1

Sporting Cristal perdió 3-1 ante Cusco FC y dejó escapar una oportunidad importante en la pelea por el Clausura. El resultado duele, pero lo que más preocupa no es la derrota en sí misma, sino lo que confirma: las dificultades que veníamos señalando durante la racha de victorias siguen ahí. Esta vez, frente a un rival con más recursos, nos costaron el partido.

Cristal llegó a Cusco después de cinco triunfos consecutivos en la Liga 1. Había motivos para ilusionarse, aunque también advertencias que algunos preferían pasar por alto. Ganarle a Los Chankas, Atlético Grau, UTC y Comerciantes Unidos era positivo, pero no convertía al equipo en un candidato sólido. En esos partidos ya se veían problemas para presionar, recuperar la pelota y asumir la iniciativa. Los resultados no los hicieron desaparecer; simplemente permitieron convivir con ellos.

Cusco FC encontró la manera de aprovecharlos. Tuvo tiempo y espacio para progresar, levantar la cabeza y lanzar centros que hicieron daño a la defensa celeste. Cristal retrocedió, cedió la pelota y esperó. No buscó incomodar la salida rival ni disputarle el control del mediocampo. Y cuando un equipo con buenos recursos puede jugar con esa tranquilidad, tarde o temprano encuentra cómo lastimarte.

Cusco marcó tres goles y pudo hacer alguno más. Cristal no hizo hoy un partido distinto de los anteriores. Hizo, en buena medida, lo mismo que venía haciendo. La diferencia es que esta vez tuvo enfrente a un equipo con mayor jerarquía, capaz de convertir en goles los problemas que otros rivales no supieron aprovechar.

El problema no es haber perdido un partido difícil. Es que las decisiones que nos preocupaban antes de esta derrota siguen sin corregirse.

La propuesta de Mosquera consiste, en demasiadas ocasiones, en ceder terreno y esperar que el rival no encuentre la manera de hacer daño. El equipo se repliega, tarda en recuperar la pelota y, cuando la consigue, le cuesta construir ataques que le permitan respirar. Incluso cuando el marcador era claramente adverso, Cristal no consiguió incomodar de manera sostenida a Cusco. El rival manejaba los tiempos mientras nosotros corríamos detrás de la pelota.

Mosquera tiene méritos que no corresponde desconocer. Recibió un equipo muy golpeado y logró darle cierta articulación, recuperar resultados y devolverlo a la pelea. Pero reconocer ese trabajo no obliga a ignorar sus límites. Una cosa es recomponer un equipo que venía de un Apertura desastroso y otra es construir uno capaz de competir contra rivales de mayor nivel. Hasta ahora, lo primero ha funcionado mejor que lo segundo.

La derrota también nos devuelve a agosto, cuando los tropiezos ante Alianza Atlético y Sport Boys nos hicieron perder puntos que hoy serían decisivos. Entonces parecía que todavía había tiempo para corregir. Ahora dependemos de otros resultados y el margen se reduce. El Clausura sigue siendo irregular y las opciones matemáticas no han desaparecido, pero Cristal ya no controla su propio destino.

Quedan cuatro partidos y el próximo es ante Alianza Lima en el Alberto Gallardo. Hay que ganarlo. No tiene sentido dar la pelea por perdida mientras existan posibilidades, pero tampoco podemos confundir la obligación de competir hasta el final con la certeza de que el equipo está preparado para hacerlo.

La racha de victorias nos acercó a la pelea. Esta derrota no borra lo avanzado, pero deja claro que todavía falta mucho para que Cristal sea un equipo confiable. Y esa brecha, más que el resultado de hoy, es lo que realmente preocupa.

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