La Cancha: Alianza Atlético 3 – Sporting Cristal 1

Sporting Cristal perdió 3-1 ante Alianza Atlético en Sullana y, con esta derrota, se despidió del Clausura. No porque la remontada sea imposible en los números, sino porque un equipo que necesita ganar todo no puede regalar partidos como este.

Lo dijimos desde el inicio del torneo: Cristal tenía que ganar el Clausura. No bastaba con hacerse fuerte en casa ni con sumar de vez en cuando como visitante. El empate ante Universitario ya había sido un mal resultado. La derrota en Arequipa, también. Esta derrota en Sullana es la que termina de sacar a Cristal de la pelea.

Cristal jugó el primer tiempo como si este fuera un partido que estaría bien ganar, pero tampoco pasaba nada si no se ganaba. No hubo urgencia, no hubo un equipo dispuesto a imponer condiciones desde el primer minuto. Malos rechazos, marcas complacientes, jugadores que llegaron tarde a las divididas. El 1-0 llegó después de un error absurdo de Cristiano da Silva, que viene teniendo un rendimiento muy por debajo de lo que Cristal necesita.

Y ahí aparece una de las contradicciones de la planificación. Cristal necesitaba un lateral izquierdo desde hace meses. Cristiano da Silva viene mal hace semanas. Pese a eso, no se incorporó una alternativa real para esa posición. Hoy, cuando el titular está mal, no hay reemplazo. La solución fue Leonardo Díaz, que tampoco está en buen momento y tampoco es lateral izquierdo. No es mala suerte. Es una consecuencia de cómo se armó el plantel y del hecho de que, quienes toman las decisiones, decidieron no arreglar ese problema. El lateral izquierdo es un puesto que Cristal tiene sin resolver desde el 2023. Recordemos que Nicolás Pasquini llegó precisamente para solucionar ese acertijo. Han pasado años, técnicos, mercados, promesas. Y la solución sigue siendo la misma: improvisar con lo que hay… y a eso hoy le llaman criterio y responsabilidad.

Algo parecido ocurrió con Anderson Villacorta. El muchacho tiene 21 años, debutaba con Cristal y no se le puede cargar toda la responsabilidad. Pero la pregunta no es sobre él: es por qué un jugador que todavía no está preparado terminó siendo lanzado en un partido que Cristal necesitaba ganar sí o sí. Entró por Rafael Lútiger, probablemente el mejor central del equipo, y terminó cometiendo dos penales absurdos.

Acá aparece además una contradicción directa de Roberto Mosquera. El técnico ha dicho que no quiere exponer a Agustín Álvarez porque necesita «aclimatarse». Lo presenta como responsabilidad. Pero llamarle responsabilidad a esto es un insulto a la inteligencia. Claro, si al refuerzo lo traes el último día del mercado y necesita dos semanas para estar listo, resulta que va a llegar a jugar en la fecha ocho cuando ya perdimos opciones. Eso no es responsabilidad, es falta de criterio. Es la consecuencia directa de haber esperado hasta el final para contratar a alguien que se necesitaba desde hace meses. Julio César Uribe y Mosquera son quienes contratan y quienes deciden cuándo se contrata. Ellos esperaron para que el refuerzo no juegue los 17 partidos del clausura sino, con suerte, sólo 9. Y mientras Álvarez se aclimata Villacorta, terminó siendo lanzado en un partido que había que ganar sí o sí, cometió los penales y terminó cargando esa responsabilidad porque el técnico, tan criterioso, decidió exponerlo.

El problema más grande es este: Cristal parece estar administrando el Clausura como si todavía tuviera tiempo. No lo tiene. Es la misma película de hace años. Se pierde el Apertura porque el Clausura será distinto. Se pierde el Clausura porque el año que viene se hará bien. Se cambia de técnico porque el siguiente proceso será el definitivo. Y así seguimos cada vez peor.

Los campeonatos no funcionan así. Los puntos se ganan ahora. Y si el objetivo era ganar el Clausura, este partido había que ganarlo. No competirlo. No jugarlo con tranquilidad. Ganarlo. Cristal no necesita otro proyecto para 2027. Necesita resolver sus problemas en 2026. Por eso esta derrota fastidia más que otras. No solo se dejan tres puntos en Sullana, se deja la sensación de que dentro de La Florida, como viven del pasado y la nostalgia, ni Mosquera ni Uribe han entendido la urgencia que existe afuera. Y mientras ellos no la entiendan seguiremos escribiendo la misma crónica con distintas fechas.

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