Sporting Cristal perdió 1-0 ante Sport Boys en el Miguel Grau y lo hizo de una manera que termina siendo mucho más preocupante que el propio resultado. No fue una derrota circunstancial ni un partido que se escapó por un detalle. Cristal fue inferior durante buena parte del encuentro, jugó con miedo, no tuvo una idea clara y, cuando quedó con diez, el comando técnico tampoco encontró una respuesta capaz de cambiar lo que estaba pasando.
El problema no empieza con la expulsión de Catriel Cabellos. La expulsión fue un error suyo y la sanción fue previsible porque este tipo de pisotones hace varias temporadas que se sancionan con tarjeta roja. Cabellos cometió una torpeza innecesaria y dejó al equipo con diez. Pero para cuando ocurrió, Cristal ya había mostrado algo mucho más grave: no había salido a disputar el partido.
Con once jugadores, el equipo entregó la iniciativa. Sport Boys tuvo la pelota, manejó el partido y encontró espacios mientras Cristal esperaba demasiado atrás. Los delanteros no presionaban, el mediocampo no conseguía recuperar ni sostener la pelota y los extremos no lograban hacer el recorrido necesario. La estructura podía parecer ordenada sobre el papel, pero en la cancha no funcionaba. Cristal defendía sin recuperar y atacaba sin construir.
Y el banco no ayudó. Un técnico puede equivocarse en una decisión puntual. Lo preocupante es cuando no encuentra una respuesta durante todo un partido. Mosquera demoró hasta el minuto 68 para hacer un cambio de replanteo. Y cuando movió el equipo, no corrigió el principal problema: el mediocampo. En lugar de buscar recuperar la pelota y equilibrar el partido, mantuvo demasiados jugadores arriba, incluso después de quedar con diez, y terminó apostando por una estructura que dejó al equipo partido.
El cambio de Santiago González por Maxloren Castro puede explicarse por la tarjeta amarilla. Lo que no se explica es que haya sido la única respuesta durante tanto tiempo. Cristal necesitaba otra presencia en el medio, necesitaba recuperar la pelota. No lo hizo. Y cuando buscó remontar, terminó acumulando delanteros sin que eso significara generar fútbol.
Eso es lo que vuelve a aparecer una y otra vez con Mosquera: la sensación de que su idea pesa más que las necesidades del equipo. Y esto no aparece de la nada. Cuando dijimos que Mosquera no regresaba por su presente sino por su pasado, esta era la preocupación. Su último gran trabajo fue hace años. Desde entonces, sus experiencias estuvieron vinculadas a equipos que terminaron peleando abajo o descendiendo. No había antecedentes recientes que justificaran entregarle nuevamente el mando de Sporting Cristal. La nostalgia podía explicar su regreso pero no puede justificarlo.
Sport Boys, con un plantel bastante más limitado, tuvo algo que Cristal no tuvo: una idea reconocible. Y eso también debería preocupar. No porque Boys sea un equipo extraordinario, sino porque demuestra que la diferencia de plantel no sirve de mucho cuando el equipo mejor dotado no tiene un funcionamiento que lo sostenga.
La derrota confirma algo que ya venía apareciendo: el Clausura está perdido. Cristal queda a seis puntos de la punta, con ocho equipos por delante y con una dinámica que no permite pensar en una remontada. Y tampoco está cerca de las posiciones que permitirían salvar la temporada mediante una clasificación internacional.
Por eso este partido no puede analizarse como una mala tarde. Es una nueva señal de un problema que viene desde mucho más arriba. Innova Sports lleva años acumulando decisiones equivocadas y puso las decisiones deportivas en manos de Julio César Uribe, quien decidió traer nuevamente a Mosquera. El resultado de esa cadena de decisiones es el equipo que vimos esta tarde.
Cristal no necesita otro partido aislado para cambiar esta realidad. Necesita decisiones. Y mientras quienes las toman sigan creyendo que el pasado es suficiente para resolver el presente, seguiremos viendo exactamente esto. Hoy se perdió una racha de casi veinte años ante Sport Boys. Pero lo más preocupante es que Cristal lleva mucho más tiempo perdiendo algo bastante más importante: la capacidad de saber hacia dónde ir.