La Cancha: Sporting Cristal 1 (3) – Carabobo Fútbol Club 2 (2)

Sporting Cristal clasificó a la fase de grupos de la Copa Libertadores tras vencer a Carabobo F.C. en la definición por penales tras un partido que dejó sensaciones muy mezcladas. Hay alegría, por supuesto. El objetivo está cumplido. Pero también hay fastidio por la forma en que se consiguió porque durante buena parte del partido Cristal estuvo al borde de la eliminación.

El arranque fue complicado. Carabobo se puso 2-0 en el primer tiempo y por varios minutos el equipo rimense quedó seriamente comprometido. No fue producto de una superioridad abrumadora del rival, sino más bien de errores propios. Cristal estuvo impreciso en salida y se expuso innecesariamente.

Los dos goles venezolanos nacen de errores no forzados. Especialmente el segundo, donde una salida por izquierda entre Rafael Lutiger y Leandro Sosa termina mal resuelta, deja al equipo desordenado y permite que Carabobo aproveche el espacio para asociarse y definir ante Diego Enríquez, que poco pudo hacer. Esa fragilidad dio la sensación de que Cristal estaba más concentrado en atacar que en mantener el partido equilibrado.

Sin embargo, incluso con el 2-0 en contra quedaba una impresión extraña: el resultado parecía exagerado. No porque Cristal estuviera jugando bien —de haberlo hecho no estaría perdiendo— pero sí porque era el equipo que más buscaba jugar. Tenía más la pelota y mostraba algo más de claridad en la intención.

La estrategia de Carabobo fue clara durante todo el partido: ceder campo y pelota, esperar que Cristal atacara con muchos hombres y buscar las transiciones rápidas aprovechando los espacios. En el primer tiempo encontró petróleo en los errores celestes y lo capitalizó.

Paulo Autuori reaccionó antes del descanso. Algo poco habitual en él: movió el banco antes del entretiempo. Salieron Catriel Cabellos y Luis Ibérico e ingresaron Santiago González y Maxloren Castro. Más que un cambio de nombres fue un replanteo. Gabriel Santana dejó de jugar como lateral para pasar al mediocampo, donde su influencia en el juego fue mucho mayor. Santana es un jugador que ordena, que da claridad. Cuando empezó a intervenir más por dentro, Cristal ganó presencia en ataque. Aun así, en ese tramo las ocasiones claras no se concretaron. Hubo un taco de Lutiger, un remate al palo de Martín Távara y una llegada de Felipe Vizeu que terminó desviada.

Lo de Vizeu volvió a generar preocupación. Hoy se necesitó un delantero incisivo, capaz de capitalizar las ocasiones. En cambio se le vio lento, dubitativo y poco determinante. Autuori terminó sacándolo en el descanso para dar ingreso a Irven Ávila, quien sin hacer demasiado terminó aportando más que el brasileño.

El segundo tiempo fue prácticamente un monólogo de Cristal. Carabobo se dedicó a cuidar el resultado y a hacer tiempo. Cristal dominó pelota y territorio. El descuento llegó temprano, al minuto 49, cuando Maxloren Castro aprovechó un buen centro de Santiago González. Ese gol fue clave. Porque todos saben que este equipo, producto de la seguidilla de partidos y el desgaste acumulado, suele diluirse hacia la segunda mitad del segundo tiempo. Si el descuento no llegaba temprano, la remontada se habría vuelto mucho más complicada.

Con el 2-1 quedó al menos la tranquilidad de no estar eliminados directamente. Cristal siguió buscando, pero no logró evitar los penales. Y la tanda fue, probablemente, una de las peores que se recuerden. Carabobo prácticamente se eliminó solo: tres de sus penales fueron desviados, dos cerca del arco y uno completamente lejos. Enríquez ni siquiera tuvo que intervenir de forma determinante.

Cristal tampoco brilló en la ejecución. Los penales fallados fueron muy mal pateados. El de Irven Ávila fue lento, avisado y débil. El de Christopher González resultó una mala decisión: intentó picarla nuevamente, algo que todo el continente había visto apenas dos semanas antes, y el arquero simplemente le ganó en astucia.

Afortunadamente los demás sí cumplieron. Yoshimar Yotún pateó con seguridad, Santiago González ejecutó un remate potente y esquinado y finalmente Cristiano da Silva volvió a aparecer para cerrar la serie con un remate fuerte que selló la clasificación.

Ahí terminó todo. Cristal está en fase de grupos. Y eso, sin duda, es una buena noticia. El objetivo está cumplido. Pero la forma deja muchas preguntas abiertas. El equipo ha pasado sus dos llaves por penales y sin mostrar un nivel de juego que permita imaginar una fase de grupos competitiva. La propuesta de Autuori es interesante, pero la ejecución todavía es irregular. Persisten errores en salida, falta claridad para generar ocasiones, el problema del nueve sigue abierto y el recambio no siempre responde.

Y Vizeu, especialmente, parece lejos del nivel que exigen estos partidos.

Además hay un contexto que no puede ignorarse. Cristal ha clasificado por penales en la llave más accesible de toda la fase previa. Un cuadro con un chileno, un venezolano y dos peruanos. Sin argentinos, brasileños, uruguayos ni colombianos. De ese grupo, Cristal salió adelante pero lo hizo con más sufrimiento del esperado.

Clasificados, sí. Pero con la sensación de que todavía falta mucho para competir de verdad en la Copa Libertadores.

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