El 0-0 ante Red Bull Bragantino deja esa sensación incómoda que producen los partidos que uno siente que pudo ganar. No porque Sporting Cristal lo haya dominado con claridad ni desperdiciado ocasiones cantadas, sino porque dio la impresión de que, con un poco más de precisión en los últimos metros, el resultado podía haber sido otro.
Y eso fastidia. Porque enfrente había un rival brasileño, aunque con equipo alterno, y el empate no alcanza.
Lo más rescatable de la noche fue también lo más importante para entender el momento del equipo: Cristal compitió. No fue desbordado, no dio la sensación de inferioridad y sostuvo varios pasajes del partido con orden y criterio. Para quien esperaba una diferencia amplia a favor de los brasileños, la noche deparó una impresión distinta.
Algo empieza a percibirse diferente. Todavía es demasiado pronto para hablar de un equipo consolidado, pero sí de uno que intenta otra cosa. Roberto Mosquera propone asociaciones distintas, mayor protagonismo con la pelota, cierta libertad en algunos sectores de la cancha. La idea se insinúa. No se consolida todavía, pero se insinúa.
El problema es lo que no cambia. Generar peligro real nos cuesta demasiado. Pasó con Paulo Autuori, pasó con Zé Ricardo y empieza a verse también con Mosquera. Cristal llega hasta tres cuartos de cancha, tiene momentos de dominio, intenta, pero cuando hay que convertir ese dominio en situaciones claras de gol, el equipo se queda corto. No es un problema de entrenador. Es un problema del plantel.
Hubo también detalles que vale la pena anotar. Michael Hoyos dejó claro que cuando alcance su mejor condición física va a marcar una diferencia: pausa, recursos distintos, capacidad para romper líneas. Está llamado a ser titular. La ausencia de Gustavo Cazonatti, en cambio, volvió a sentirse: sin él el mediocampo pierde demasiado, y cuando Yoshimar Yotún y Martín Távara no atraviesan una buena noche, no hay desde el banco quien cambie el ritmo del partido. El ingreso de Irven Ávila tampoco terminó siendo el adecuado para lo que el partido pedía. Son decisiones que forman parte de un proceso, pero que también hay que señalar.
Todo esto, sin embargo, tiene que ponerse en perspectiva. Este no era el partido más importante de la semana. En dos días Cristal visita a FBC Melgar en Arequipa, y ese sí es un partido que pesa. El Clausura no admite tropiezos si la intención es pelearlo, y ganar en plazas difíciles es parte de lo que ese objetivo exige.
Por ahora, estos play-offs de Copa Sudamericana sirven para probar. El Clausura, y nuestra posición en el campeonato, ya no permite más ensayos.