Sporting Cristal goleó 4-1 a Sport Huancayo y el resultado es acorde con lo que pasó en la cancha. No es necesario buscar interpretaciones generosas: Cristal fue superior, manejó el partido y terminó traduciendo esa superioridad en un marcador que, incluso, pudo ser más amplio. Hace demasiado tiempo que, en el Alberto Gallardo, ganar dejó de ser suficiente para salir contentos. Muchas veces el equipo conseguía los tres puntos después de partidos incómodos, ajustados o directamente malos. Esta vez fue distinto. Cristal ganó y dejó la sensación de haber jugado un partido que correspondía ganar.
El mérito empieza en el planteamiento de Roberto Mosquera. Después del experimento de la última fecha, el técnico volvió a modificar el sistema y esta vez acertó. Cristal salió con un 4-4-2, con dos delanteros y un mediocampo que tuvo a Yoshimar Yotún y Martín Távara como principales responsables de administrar la pelota. La estructura funcionó porque respondía a lo que proponía Huancayo y porque permitió que Cristal manejara el partido sin necesidad de apresurarse.
La diferencia estuvo precisamente ahí: en la tranquilidad. Cristal tuvo la pelota, ocupó bien los espacios y buscó progresar sin desesperarse. No necesitó convertir cada posesión en una ocasión de gol. Primero controló el partido y después encontró los espacios para hacer daño. El rival, además, ayudó poco: Sport Huancayo tuvo dificultades para salir, para asociarse y para encontrar respuestas cuando Cristal lo obligó a retroceder.
Los dos primeros goles explican bastante bien lo que fue el partido. Cristal consiguió ponerse en ventaja y, después, amplió la diferencia sin que el resultado pareciera exagerado. Hasta ese momento, la superioridad celeste era clara tanto desde la posesión como desde el control territorial. Huancayo prácticamente no encontraba la manera de discutir el partido.
Después del 2-0, Cristal bajó las revoluciones demasiado pronto y le regaló vida a Huancayo. El descuento recordó que un 2-0 no es un partido cerrado. Esta vez, sin embargo, el equipo reaccionó bien: volvió a tomar el control y lo cerró con dos goles más.
Es significativo quiénes están apareciendo en el marcador. Durante buena parte de esta temporada los principales goleadores de Cristal fueron Yotún y Gustavo Cazonatti, una señal bastante clara de los problemas que tenía el equipo para encontrar gol en sus delanteros. Hoy los atacantes empiezan a tener mayor protagonismo. Hernán Barcos y Michael Hoyos marcaron y, más allá de lo anecdótico de que los cuatro goles hayan sido de cabeza, hay una señal interesante: Cristal tiene ahora más variantes para llegar al arco.
Hoyos, además, dejó una impresión particularmente buena. Todavía necesita recuperar completamente su condición física, pero mostró algo que Cristal ha necesitado durante toda la temporada: un delantero capaz de participar en el funcionamiento colectivo y, al mismo tiempo, tener la portería como referencia permanente. Luego fue interesante lo de Santiago González. No necesitó ser la figura para tener influencia en el partido. Su movilidad, su participación y el trabajo que hizo por el costado fueron importantes dentro del funcionamiento. Y lo mismo puede decirse de Juan Manuel Cuesta, que sin hacer un partido extraordinario, mostró recursos y velocidad que pueden darle alternativas a Mosquera.
Pero quizá lo más importante de esta tarde fue comprobar que Roberto Mosquera puede acertar. Esta vez leyó mejor al rival, eligió una estructura adecuada y consiguió que el equipo jugara con la calma que tantas veces le ha faltado. El llamado «mosquerismo» también tiene esto: posesión, pausa, control de los tiempos y la capacidad de administrar un partido desde la pelota.
Eso no significa que de pronto Cristal haya encontrado el camino al título. Todavía falta muchísimo para eso. El Clausura recién empieza y quedan partidos complicados, empezando por la visita a Alianza Atlético este viernes. Después vendrán los cuartos de final de la Copa de la Liga y todo lo que pueda ocurrir a continuación. Pero ganar este partido siendo claramente superior y salir del Gallardo con la sensación de que el resultado correspondió al rendimiento es una buena noticia. No hay que exagerarla, pero tampoco minimizarla.
Cristal necesitaba empezar a construir una racha y, sobre todo, necesitaba recuperar una relación básica entre jugar bien y ganar. Hoy la tuvo. Ahora resta ver si podemos sostenerla.