Julio César Uribe salió hoy a hablar después de la agresión que sufrió ayer y, como correspondía, condenó lo ocurrido. La violencia física no tiene justificación y el rechazo a una gestión, por más legítimo que sea, tiene que expresarse por otros caminos. Pero después de escucharlo durante casi media hora, queda una sensación difícil de evitar: Uribe aprovechó esta conferencia para volver a vendernos, una vez más, la idea de que «ahora sí».
«Ahora sí» tiene experiencia. «Ahora sí» sabe qué decisiones tomar. «Ahora sí» se acabó el sentimentalismo. «Ahora sí» se harán las correcciones necesarias. «Ahora sí» trabajará para devolverle a Sporting Cristal el lugar que le corresponde.
El problema es que ya hemos escuchado esto antes.
Uribe asegura que cuando llegó al cargo le faltaba experiencia, pero que después de un año «ya no le falta». Y acá aparece una pregunta sencilla: ¿dónde adquirió esa experiencia? ¿Qué herramientas de gestión incorporó durante este año? ¿Qué decisiones concretas demuestran que hoy está mejor preparado? Porque cumplir un año en un cargo no convierte la experiencia en aprendizaje. El aprendizaje se demuestra en las decisiones que uno toma, no en decir «ahora sí».
Y justamente ahí es donde su discurso empieza a tener problemas.
Durante este año, una de las principales apuestas de Uribe fue Roberto Mosquera. Se tomó la decisión de traer a un entrenador cuyos antecedentes recientes no parecían los de alguien en condiciones de ponernos en competencia, no digamos ganar el campeonato. Uribe permitió la venta de Gustavo Cazonatti a la vez que incorporó el volante de contención recién el último día del libro de pases. Uribe no resolvió la posición de lateral izquierdo, tan necesitada, a la vez que se contrataron a jugadores como Juan Manuel Cuesta y Hernán Barcos que no eran imprescindibles. Tampoco pudo resolver oportunamente la situación de Felipe Vizeu.
Esas son sus decisiones de los últimos meses. Y si después de todo eso Uribe nos dice que «ahora sí» conoce las decisiones que hay que tomar, la pregunta inevitable es: ¿qué cosa aprendió exactamente?
Porque esto tampoco empezó hoy. Cuando llegó no vino a decir que necesitaba un año para aprender. Vino a decir que se había terminado el tiempo de esperar y que estaba llegando para cambiar las cosas. A mediados del 2025 anunció que siete jugadores serían dados de baja. Ni siquiera pudo explicar quiénes eran esos siete y, finalmente, no fueron siete. A fines de ese año volvió a hablar de decisiones y terminó responsabilizando a Gustavo Zevallos. Cuando Zevallos se fue, volvió a tomar decisiones y las que tomó son las que hoy estamos cuestionando.
Ahora tenemos una nueva versión del mismo mensaje: «ya sé». «Ahora ya no me falta experiencia». «Sé perfectamente».
Bueno. Toca demostrarlo.
Si cada conferencia de prensa va a venir acompañada de un nuevo «ahora sí», pero cuando llega el momento de evaluar decisiones encontramos los mismos problemas, entonces el «ahora sí» termina perdiendo todo sentido. Es como escuchar las olas en el mar: siempre están ahí, siempre hacen ruido y siempre parece que están anunciando algo. Pero uno mira la orilla y ésta sigue en el mismo sitio.
Hubo otro momento revelador en la conferencia. A Uribe le hicieron la pregunta más incómoda de todas: qué piensa de los actuales propietarios, del rechazo que generan entre los hinchas, de los cuestionamientos que existen alrededor de su gestión y hasta de la posibilidad de que el club sea vendido.
No respondió.
Prefirió hablar de trabajar de la mano con la hinchada, de reconocer errores y de mirar hacia adelante. Pero la pregunta era otra. Y acá no hace falta especular si no quiso responder o si no tenía una respuesta. Lo concreto es que no respondió. Eso resulta llamativo en alguien que acaba de asegurar que «ahora sí» conoce todo lo que le faltaba conocer.
También hubo mucho espacio para hablar del lado humano, de los jugadores, de sus familias, de sus sacrificios. Y acá aparece una curiosa contradicción. Uribe anunció que “el sentimentalismo se acabó” y que de ahora en adelante habrá que tomar decisiones sin sentimentalismos. Sin embargo, buena parte de su defensa estuvo construida precisamente sobre el sentimiento: su infancia en Cristal, la gratitud con el club, su familia, los jugadores, los niños de las divisiones menores, sus recuerdos y hasta sus experiencias de vida.
Y no hay nada malo en tener sentimientos. El problema aparece cuando el sentimiento empieza a funcionar como argumento para responder preguntas que son de gestión. Nadie discute que los futbolistas sean personas ni que merezcan respeto y protección. Cuando se cuestiona el armado de un plantel no se está diciendo que un jugador no quiera ser campeón. Cuando se cuestiona una contratación no se está desconociendo el lado humano de quien llega. Cuando se cuestiona al técnico no se está juzgando su calidad como persona. Estamos hablando de fútbol y de gestión.
Por eso resulta curioso que el sentimentalismo se haya acabado justamente cuando Uribe necesita explicar sus decisiones. Porque para hablar de su gestión no necesitamos saber cuánto ama a Cristal. Necesitamos saber qué sabe hacer para que Cristal funcione mejor.
Y eso nos lleva nuevamente a su historia. Uribe insistió mucho en su historia. Nos recordó que llegó a Cristal a los 12 años, que el club le dio educación, que pasó allí buena parte de su vida y que su gratitud es inmensa. Todo eso es cierto y nadie pretende borrarlo. Pero hay algo que él parece no querer entender: su historia ya está escrita. Sus gambetas de hace cincuenta años no están en discusión. Es inmutable e irrelevante porque, ya lo dijimos antes, lo que fue Uribe como jugador no nos beneficia en nada. Su historia no garantiza el mejor presente de Sporting Cristal. Lo que está en discusión es otra cosa. Lo que nos interesa son sus decisiones actuales. No sus goles, no sus títulos, no lo que fue como futbolista sino lo que haga como director general. Porque haber sido ídolo explica por qué Innova Sports lo eligió para que dé la cara que ellos prefieren esconder pero no demuestra que esté haciendo bien el cargo que aceptó.
Y luego está aquello de que no piensa abandonar el barco hasta que esté donde corresponde. Suena muy bonito pero también es irresponsable. Quienes tienen que llevar el barco a donde corresponde son quienes hoy están al mando y entre los principales responsables de la situación actual están el mismo Uribe y sus jefes que le pagan el sueldo. Entonces decir que él se irá cuando el barco esté donde corresponde es una manera cómoda de plantear su permanencia: si el barco no llega, siempre habrá una razón para seguir a bordo.
A veces también hay que saber dejar. Un director general no tiene que demostrar cuánto puede resistir. Tiene que demostrar que puede hacer que el club avance.
El amor por una institución no consiste únicamente en resistir con ella cuando las cosas están mal. También consiste en saber cuándo uno dejó de ser parte de la solución. Uribe dice que quiere honrar su historia. Entonces tiene que entender que honrarla no significa aferrarse a ella. Significa actuar hoy de una manera que no termine deteriorando aquello que construyó durante décadas. Porque nadie está pidiendo que borre su historia, le estamos pidiendo que no la utilice para evitar que evaluemos su presente.
Y ese presente tiene un año de gestión. Un año que ya produjo decisiones y errores y cuyas consecuencias las estamos viviendo semana a semana.
Por eso, después de la conferencia de hoy, la pregunta no es si Uribe está dispuesto a seguir luchando. Tampoco si ama a Sporting Cristal. Ni siquiera si conoce el camino hacia el éxito. La pregunta es mucho más sencilla: ¿qué va a hacer ahora?
Porque el «ahora sí» ya lo hemos escuchado. Esta vez queremos verlo.
P.D. ¿En serio, Julio César? ¿Paulo Coelho? ¿En serio?