Sporting Cristal goleó 4-1 a Sport Huancayo y se metió en las semifinales de la Copa de la Liga. El resultado es contundente, pero el partido no tiene demasiado que decirnos sobre el nivel real del equipo. Sí tiene algo que decirnos sobre otra cosa: hay jugadores que necesitan recuperar confianza y tardes como esta pueden servir para eso.
El mejor ejemplo fue Catriel Cabellos. Venía de semanas en las que su rendimiento había sido cuestionado y esta vez terminó marcando dos goles. Pero más que los goles, lo que llamó la atención fue lo que ocurrió después del segundo: Cabellos corrió hacia el banco y se abrazó con Roberto Mosquera. No fue una celebración cualquiera. Fue el gesto de un jugador que necesitaba un partido así y que encontró en Mosquera una figura de respaldo. Eso importa. Cristal no puede depender de los mismos nombres todo el tiempo ni sostener una temporada larga sin encontrar variantes. Si Cabellos puede ser una de ellas, este partido le sirve más que cualquier análisis sobre el resultado.
Porque el partido tuvo dos historias distintas. La primera fue un primer tiempo chato: Cristal tuvo más pero no impuso esa superioridad. Huancayo se encontró con el gol después de un error de César Bautista y el equipo tuvo que trabajar para recuperar la igualdad. El empate llegó tras una buena jugada de Hernán Barcos, que encontró a Irven Ávila para la definición.
La segunda historia comenzó apenas iniciado el complemento. Maxloren Castro puso el 2-1 y Huancayo se cayó. La diferencia física se hizo evidente, Cristal encontró espacios y terminó resolviendo el partido con los dos goles de Cabellos. Mosquera administró bien la ventaja: los titulares habituales no necesitaron entrar y otros jugadores sumaron minutos.
Eso es para lo que debe servir este torneo. No para sacar conclusiones grandes ni para creer que el equipo acaba de encontrar su mejor versión. Para afinarse, para dar minutos, para que algunos jugadores vuelvan a creer en ellos mismos. El Clausura sigue siendo el objetivo y el margen de error sigue siendo mínimo.
El domingo toca Sport Boys. Ahí ya no habrá espacio para experimentos. Habrá puntos en juego. Y esos son los que importan.