La Cancha: ADT 1 – Sporting Cristal 1

Sporting Cristal empató 1-1 con ADT en Tarma recibiendo un gol en el minuto 93 y el punto, que en otro momento del año habríamos aceptado, hoy se siente como una derrota. Cristal ganaba y tenía el partido en la mano. Podía llegar a las últimas fechas dependiendo de sí mismo para pelear el Clausura. Ahora depende de lo que hagan Huancayo y Universitario.

El gol no se explica en el minuto 93. Se explica en la decisión que tomó el equipo cuando se puso arriba.

Cristal fue superior casi todo el partido. ADT tenía pocos recursos, le costaba progresar y no generaba peligro. Es cierto que Tarma exige más y que repartir el esfuerzo en la altura es parte de un planteamiento inteligente. Pero una cosa es repartir el esfuerzo y otra es renunciar a cerrar el partido. El equipo cedió la iniciativa, se replegó y sostuvo la ventaja mínima como si el objetivo fuera dejar correr el reloj. Por un rato funcionó. Pero aguantar un partido no es controlarlo: cuando un equipo se limita a resistir, su suerte queda en manos de un rebote, un error o una pelota parada.

Y fue una pelota parada. Una falta innecesaria en los minutos finales le dio a ADT lo único que le faltaba, cuando hasta entonces sus centros habían sido flojos. Después vino una marca mal organizada que dejó al delantero rival cabecear con toda comodidad. Hay responsabilidades individuales en esa jugada, pero la pregunta importante es otra: por qué llegamos a ese momento dependiendo de que el rival no acertara.

Lo dijimos después de Cusco FC: cuidar una ventaja es válido, sobre todo en la altura, pero se cuida buscando el segundo gol, presionando cuando corresponde y quitándole tensión al partido. Esperar a que no pase nada no es una forma de cuidarla.

Roberto Mosquera tiene méritos. Recibió un equipo muy golpeado y lo devolvió a la pelea. Pero eso no justifica que se insista en un planteamiento que ya nos costó puntos antes y que esta vez nos sale caro. Cristal tenía en sus manos defender la posición privilegiada que había conseguido y no lo hizo.

Eso es lo que fastidia. No el gol en el último minuto, sino saber que estuvimos en condiciones de evitarlo: fuimos superiores, el rival no encontraba cómo hacernos daño y, en lugar de buscar la tranquilidad de un segundo gol, elegimos esperar.

Quien se conforma con aguantar un partido termina pagando por él. En Tarma, la cuenta llegó en el minuto 93.

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